La defensa se ha convertido en una arma política de los intereses de Estados Unidos frente a Europa. Aunque las tensiones provocadas sobre cómo financiar la Alianza Atlántica van a ser el tema candente en la cumbre que van a celebrar los países aliados de la OTAN en Ankara el 7 y 8 de julio, el presidente de EEUU, Donald Trump, va a seguir utilizando las necesidades armamentísticas de la Unión Europea para premiar o castigar a sus supuestos aliados según los intereses políticos que necesite, como se vio en la guerra de Irán. El abandono de EEUU de la defensa convencional del continente europeo, la salida de tropas o la preferencia de gasto en la industria europea van a ser otros temas que se van a discutir en una cumbre que se verá otra vez desarbolada por las ya asumidas provocaciones y el desdén de Trump hacia los europeos.
Stephen Wertheim, investigador del Carnegie Endowment for International Peace, explica que “el año pasado, los aliados de la OTAN aún conservaban una mínima esperanza de apaciguar a Donald Trump comprometiéndose de forma espectacular a destinar el 5% de su PIB a defensa y gastos relacionados con la seguridad de aquí a 2035. Esa ilusión ya ha desaparecido. En esta ocasión debería quedar claro no solo que Trump seguirá mostrando su descontento con sus aliados del Atlántico Norte mientras permanezca en la Casa Blanca, sino también que la OTAN atraviesa un proceso de reajuste estructural derivado de la divergencia entre Europa y Estados Unidos sobre sus intereses y la percepción de las amenazas”.













