Hubo un tiempo en que las cumbres de la OTAN se medían por la firmeza de sus comunicados y la solemnidad de sus fotos de familia. La que arranca este martes en Ankara, bajo las banderas del Atlántico Norte y la media luna turca, se mide por la esperanza de que transcurra sin que su principal potencia, EEUU, convierta la cita en un ajuste de cuentas con sus socios. Los líderes de los socios europeos y Canadá llegan a Ankara para apaciguar a quien hasta ahora ha sido su protector. Durante dos jornadas cuidadosamente coreografiadas hasta el último detalle, Europa desplegará ante el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, la prueba material de su obediencia: contratos de armamento por valor de miles de millones de euros, un incremento récord en gasto militar y una breve y sintética declaración final, muy medida, para no dejar espacio al desplante. Es una cumbre diseñada para aplacar a Trump, para no ofender al estadounidense.El objetivo es impedir que el presidente estadounidense —que acusa a sus socios de deslealtad por no haberle respaldado en su guerra contra Irán y que ha calificado de “ridícula” la relación que mantiene con la Alianza— repita en Turquía la humillación pública a la que ya ha sometido a la organización fundada hace 77 años y de la que está desvinculando progresivamente a Estados Unidos. “Ankara es una cumbre para reforzar a Trump dentro de la Alianza o, al menos, para evitar que se marche antes de tiempo”, señala una veterana diplomática europea, que ha participado en la preparación de la cita en la capital turca.Contención. Si tradicionalmente las cumbres de la OTAN ocupaban jornadas completas, con maratonianas jornadas de trabajo y comunicados de medio centenar de párrafos —e incluso algunos episodios de drama, como el protagonizado por el ucranio Volodímir Zelenski, que durante su viaje a Lituania, en 2023, criticó a los líderes de la Alianza por no incluir menciones más textuales sobre su futuro ingreso—, la de este año se ha comprimido en una cena de gala en la noche del martes y una única sesión de trabajo entre los líderes el miércoles. “Cuanto menos tiempo pase Trump sentado a la mesa, menor será el riesgo de que la cumbre se vaya de las manos”, reconoce una fuente aliada. La declaración final de la cumbre, ya negociada al detalle por los embajadores y pendiente solo del visto bueno de los líderes, ocupa apenas media docena de puntos y evita cualquier fórmula que pueda incomodar a Washington. El documento, al que ha tenido acceso EL PAÍS, no recuerda textualmente el compromiso de los aliados de gastar el 5% en defensa acordado el año pasado en La Haya, cuando Trump, tras la cita, cargó contra España por no firmar el pacto de inversión. “Estamos construyendo el futuro: una Europa más fuerte en una OTAN más fuerte, una Alianza modernizada”, señala la declaración en la que los europeos y Canadá, “trabajando junto a Estados Unidos”, afirman estar asumiendo “más responsabilidad” en la defensa de la organización. Es la transferencia de la carga que reclama Washington, que ha anunciado repliegues de soldados en Alemania y la congelación de varios programas de armamento. También ha informado a los aliados de que dejará de poner a disposición de la Alianza capacidades estratégicas como cazas, aviones cisterna o submarinos y ha iniciado una revisión a seis meses vista de toda su presencia militar en Europa cuyo resultado nadie en Bruselas sabe predecir.Esa transferencia de la carga hacia la que avanza ahora Europa para cubrir los agujeros en el paraguas de seguridad aliado que deja Trump se visibilizará el miércoles en Ankara con la firma de nuevas misiones militares en las que no estará EE UU. Y también se repetirá el mantra del secretario general de la OTAN, Mark Rutte, que destaca el aumento del gasto militar. “El año pasado, los europeos aliados y Canadá gastaron casi un 20% más en fianza central que el año anterior. Mirando a 2025 y 2026 combinados, eso es 258.000 millones de dólares en inversiones adicionales”, apuntó el neerlandés en una rueda de prensa en Ankara la víspera de la cumbre. “Y la tendencia continúa”, lanzó.Rutte insistió también en que Europa y Canadá han invertido 870.000 millones de euros en gasto militar adicional en defensa, que el neerlandés atribuye a las presiones del presidente estadounidense. Tanto es así, que ha denominado a ese récord como el “billón de Trump”.Claudia Major, vicepresidenta de Seguridad Transatlántica del German Marshall Fund, recuerda que una cumbre de la OTAN cumple tradicionalmente la función de “mostrar unidad, cohesión y solidaridad hacia el exterior, hacia posibles enemigos, y hacia dentro, hacia los propios aliados”. Es precisamente esa cohesión interna la que Ankara pone a prueba este año, después del episodio de Groenlandia, la enorme isla Ártica que forma parte del Reino de Dinamarca y que Trump codicia. Las declaraciones del estadounidense de que se haría con ese territorio de una forma u otra fue el verdadero punto de quiebra de los aliados europeos con Washington, opina Major. “Hasta Groenlandia, muchos europeos esperaban que, gastando más y comportándose bien, las relaciones transatlánticas pudieran de algún modo mantenerse como eran en el pasado”, explica. “El año pasado, los europeos esperaban poder comprar buena voluntad gastando más dinero”, recuerda Major, “pero aprendieron que el cariño o la seguridad que compraron con su compromiso de inversión no duró mucho”. Su balance es demoledor: “Los europeos no fueron capaces de influir en la política de EE UU, ni en Ucrania y Rusia, ni en Groenlandia, ni en Irán, ni en el traslado de tropas desde Europa”.El magnate inmobiliario transformado en presidente de la primera potencia económica del mundo, que ya antes de la cumbre ha criticado el nivel de gasto de sus aliados, mantiene un contencioso abierto no solo con España; sino ahora también con la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, que solía ser su aliada. El magnate republicano ha dicho que acudiría a Ankara solo para no hacer un desplante al presidente turco, Recep Tayyip Erdogan. Turquía, anfitriona por primera vez desde la cita de Estambul de 2004, se ha volcado en la pompa y la ceremonia. Erdogan recibirá en el complejo presidencial de Bestepe a los líderes de la OTAN en encuentros bilaterales, en un despliegue de agasajo diplomático pensado para proyectar al país como socio imprescindible del flanco sur de la Alianza. Para Trump, el guion de la cumbre incluye una reunión con Zelenski para hablar de la guerra lanzada por Rusia hace más de cuatro años y que el estadounidense no ha podido terminar, pese a que dijo que lo lograría en 24 horas. Pero el magnate tendrá, sobre todo, una escala de honor: será el primer presidente estadounidense en viaje oficial en más de una década. Y Ankara ha preparado actos de conmemoración a su medida, en un ejercicio de cortejo que en Bruselas se lee sin ambages como un intento de ablandar al huésped más impredecible de la cumbre. El “potencial elemento disruptor” en una cita muy medida, como le definen varias delegaciones.Ankara, mientras tanto, se ha convertido en una fortaleza: más de 70.000 efectivos entre policía y gendarmería vigilan cada esquina, con patrullas cibernéticas trabajando las 24 horas.Mientras los líderes y los ministros de Exteriores —que se reunirán también con algunos de sus socios del Golfo— desembarcan en Ankara, el verdadero tributo de este año se rinde en un pabellón ferial a las afueras de la ciudad. Este martes arranca allí el Foro de la Industria de Defensa de la OTAN, con la presencia de empresas españolas como Indra, Navantia, GMV o Escribano. Su apertura ha sido bautizada oficialmente por la propia Alianza como el momento de “la gran revelación” (“Big Reveal”): una batería de anuncios de acuerdos multimillonarios entre gobiernos y fabricantes de armamento que Rutte quiere presentar como la prueba tangible de que el gasto militar europeo se traduce en fábricas y contratos y no solo en porcentajes sobre el PIB. Ankara será un ejercicio de escaparatismo pensado para aplacar a un único espectador.