A medida que las finanzas se tensan, la fijación de prioridades es cada vez más dramática. En un 'nuevo mundo' con unas rivalidades más enconadas y una geopolítica mucho más beligerante, la defensa se ha convertido en una inversión inexcusable. El argumento tiene todo el sentido en una Alemania que siente cerca la amenaza rusa, que viene de décadas de infrafinanciación de su ejército y que ve cómo la protección de EEUU ya no está tan garantizada. Sin embargo, a la hora de 'buscar dinero' en los bolsillos para reforzar la seguridad, hay que hacer otras renuncias y algunas son muy dolorosas. Los planes presupuestarios del Gobierno para 2027 conocidos estos días recogen una de estas renuncias: las generosas subvenciones a las bombas de calor. Un anuncio que llega en medio de una histórica ola de calor que ha disparado la tasa de mortalidad, que tiene implicaciones económicas y que demuestra que la 'fresca' Alemania no es inmune a los rigores del clima.Berlín tiene previsto recortar en unos 2.100 millones de euros las generosas ayudas a las bombas de calor bajas en carbono en los próximos años con el objetivo de lograr cierto ahorro presupuestario al tiempo que aumenta el gasto en defensa y seguridad. El ahorro se lograría de aquí a finales de la década mediante una reducción gradual de los costes subvencionables para los sistemas de calefacción renovables, según un borrador de propuesta del Ministerio de Energía al que ha tenido acceso Bloomberg. Los límites máximos de financiación se reducirán inicialmente en 2.000 euros y, posteriormente, en otros 750 euros cada seis meses, según la propuesta presentada a la comisión de presupuestos del Parlamento.