La productividad, como suele decirse, lo es casi todo en economía. Y hay evidencias de que las empresas de mayor tamaño, por múltiples razones, son más productivas. Está acreditado que las empresas más grandes tienen mejor acceso a la financiación ajena, pagan salarios más altos, aprovechan mejor las economías de escala al tener integradas las cadenas de producción o están en condiciones de destinar más recursos propios a innovación. ¿Qué está sucediendo en España? Pues ni más ni menos que la concentración empresarial para ganar tamaño y, por ende, aumentar la productividad, lejos de crecer, se ha estancado. O expresado de forma más precisa, en las dos últimas décadas, pese a las evidencias y los llamamientos de las autoridades económicas para que el tejido empresarial gane tamaño, las concentraciones apenas han aumentado. Esta es la tesis de un reciente trabajo publicado por el Banco de España en el que se llega a la conclusión de que los índices de concentración empresarial sólo han crecido de forma muy ligera entre 2004 y 2023. En concreto, únicamente han avanzado entre 0,5 y 2 puntos porcentuales en las principales empresas españolas. Es decir, muy por debajo de un país como EEUU, donde el peso de las 20 mayores compañías creció en torno a cinco puntos porcentuales en ese mismo periodo. Ahora bien, si el indicador se restringe a las principales empresas del país, el resultado es, igualmente, desalentador. Bajo este criterio, sostiene el trabajo, el aumento habría sido de tan solo 0,2 puntos porcentuales, frente a los 3 puntos registrados en la Unión Europea, según datos de la propia Comisión. La parte positiva es que, a diferencia de lo ocurrido en otros países, fundamentalmente EEUU, no existen evidencias claras de un deterioro generalizado de los habituales indicadores de competencia en el conjunto de la economía española. La parte negativa es, precisamente, el escaso tamaño de las empresas españolas, que las hace menos productivas, salvo las de gran tamaño. El estudio lo han realizado expertos del Banco de España y de la Comisión Nacional de los Mercados y de la Competencia (CNMC) y en su análisis destaca la importancia de crear mercados competitivos “que rivalicen por atraer clientes”, lo que puede conseguirse, incluso, con un elevado grado de concentración empresarial en determinados ámbitos. TE PUEDE INTERESAR Así, por ejemplo, dice el artículo, hay mercados altamente competitivos —infraestructuras o inversión y desarrollo— que pueden presentar una elevada concentración con márgenes elevados. Por ejemplo, cuando existen elevados costes fijos y las empresas han conseguido reducir sus costes. “Esa escala eficiente”, asegura el documento, “reduce los costes unitarios y podría permitir márgenes más elevados sin que tenga que ser indicativo de un mercado con menos competencia”. Por el contrario, una alta concentración “podría facilitar la colusión para fijar precios elevados”. Barreras de entrada Desde la perspectiva de la competencia, la CNMC entiende que debe intervenir cuando, tras alguna concentración de empresas, el tamaño resultante supera el 30% de su mercado. Y así, según sus cálculos, en el año 2023, la empresa líder de casi un tercio de los sectores analizados con datos de la Central de Balances del Banco de España (el 29,7%) supera ya ese umbral de cuota del 30%. El año pasado, sin ir más lejos, la CNMC dictó apenas 131 resoluciones que afectaron a 127 operaciones, una cifra irrelevante en relación al tejido empresarial de España. Otro factor influye de forma determinante en el tamaño de las empresas, y no es otro que la existencia de barreras de entrada para competir en un sector. Y lo que revela el Directorio Central de Empresas (DIRCE) es que la tasa de entrada ha caído de forma intensa durante las dos últimas décadas, en particular desde la crisis financiera y la pandemia. TE PUEDE INTERESAR El documento del Banco de España lo achaca al desplome de la actividad económica y a la caída de la financiación externa, lo que a la vez avivó un fuerte incremento de la tasa de salida. Es decir, las empresas que sobrevivieron a ambas crisis tuvieron menos competencia por dos vías. Entraron menos empresas a competir y salieron más por el deterioro del mercado. No es un fenómeno típicamente español. Ocurre en EEUU y también en Europa, donde la Comisión ha identificado un “debilitamiento del dinamismo empresarial”, reflejado en una menor tasa de creación neta de empresas —saldo entre las que entran y las que salen— y en “una mayor persistencia de las firmas dominantes”. En el caso de EEUU, asegura el trabajo, numerosos estudios han documentado en los últimos años un deterioro de la competencia, que se refleja “en un aumento significativo de los márgenes empresariales, un incremento de los beneficios corporativos, una mayor concentración de mercado y una caída del dinamismo empresarial”. Lo que revela el directorio de empresas que elabora el Instituto Nacional de Estadística (INE) es que de los 1,51 millones de empresas que existen en España con al menos un asalariado, apenas 76.005, un 5%, tienen plantillas con más de 20 trabajadores, lo que da idea del pequeño tamaño de las empresas. Este fenómeno se concentra principalmente en las medianas, algo que diferencia a la economía española respecto de Alemania, donde su tejido productivo está más nutrido de empresas de tamaño medio. TE PUEDE INTERESAR Opinión En términos comparativos, según el Banco de España, las empresas hispanas tienen de media 8,8 empleados, por debajo de los 12,1 de la Unión Europea (UE). Lo achaca, fundamentalmente, a dos factores: por un lado, a la mayor proporción de microempresas (menos de 10 empleados), que representan nada menos que el 89% del total de empresas con asalariados y concentran el 27% del empleo en España. En el conjunto de la Unión Europea, por el contrario, estas cifras son menores: el 85% de empresas y el 22% del empleo. La diferencia es aún mayor en el caso de las empresas con menos de cinco empleados: suponen el 77% de las empresas y el 18% del empleo, frente al 71% y el 13% en la UE. Es decir, hay un problema de tamaño que España no ha resuelto durante las dos últimas décadas. Hay más competencia, pero las empresas son menos productivas.
El tamaño importa: España fracasa en su intento de lograr empresas más grandes
Las concentraciones empresariales para ganar tamaño y aumentar la productividad, lejos de crecer, se han estancado. Según trabajo del Banco de España, los índices de concentración sólo han crecido de forma muy ligera desde 2004






