El modelo de crecimiento de la economía española en este siglo se ha basado en la ganancia de población por la llegada de extranjeros, mientras que la productividad ha registrado aumentos leves en ausencia de cambios productivos notables. La productividad es la base sobre la que se construyen sociedades más ricas y España aparece habitualmente a la cola de estas métricas respecto a los países de su entorno, al igual que en las del PIB per cápita. El atraso puede agravarse a partir de la década de 2030 cuando el dividendo demográfico pase a ser negativo al disminuir la población en edad de trabajar. En este contexto, una de las ratios de referencia de la productividad, el PIB por hora trabajada, ha mostrado un dinamismo notable en el último año que podría estar sugiriendo una mejora del crecimiento por ganancias de eficiencia. El crecimiento del PIB y del PIB por hora trabajada ha sido simultáneo entre 2025 y el inicio de 2026, a diferencia de lo ocurrido en años anteriores, lo que apuntala el optimismo. Expertos de BBVA Research, AIReF y el Consejo de la Productividad reunidos por Fedea en el Observatorio Trimestral del Mercado de Trabajo han debatido al respecto y sus conclusiones llevan a rebajar las expectativas. Podría tratarse más de un fenómeno estadístico que real, advierten. La medición de la productividad es compleja y las distintas métricas, parciales todas ellas, parecen conducir a conclusiones contradictorias. Mientras que la productividad por hora trabajada registra un dinamismo claro, con un crecimiento del 0,7% anual en el primer trimestre de 2026 y un 2,7% acumulado desde finales de 2019, la productividad por ocupado está estancada (es la misma que antes de la pandemia, aunque ha crecido un 0,3% en el último trimestre) y la productividad por empleado equivalente a tiempo completo incluso ha disminuido. Sin tener en cuenta la evolución de la Productividad Total de los Factores, que requiere de fórmulas de medición más complejas que las anteriores, el factor que está haciendo variar una de las dos ratios de referencia es el descenso de las horas trabajadas. Las horas trabajadas por ocupado marcaron un mínimo histórico en el primer trimestre de 2026, sin contar el descenso artificial que se produjo en los meses de la pandemia. Esto conlleva que, en el cálculo estadístico, un numerador en expansión (el PIB) se reparta entre un numerador menguante (las horas trabajadas), por lo que, aparentemente, en España se logra producir más trabajando menos. Según explica Esther Gordo, directora de la División de Análisis Económico de AIReF, el PIB por hora es el indicador "más relevante" a nivel macro, mientras que el PIB por ocupado es el que preocupa a las empresas porque afecta directamente a sus costes laborales. Detrás de la caída de las horas hay varios motivos y no todos son positivos. Por una parte, existe una reducción progresiva de las jornadas habituales entre los trabajadores, con algunos grupos de edad haciendo ya menos de 40 a la semana aunque trabajen a tiempo completo. Cada generación rebaja más las jornadas habituales, lo que apunta a un factor cultural. Sin embargo, después de la pandemia se ha producido un aumento de las bajas laborales muy pronunciado, lo cual reduce las horas trabajadas por un motivo de deterioro de la salud. De hecho, el SEPE lo advierte en un informe reciente sobre el mercado de trabajo: "La productividad está amenazada por el aumento exponencial del absentismo, que ha provocado que en 2025 haya nueve millones de bajas, con un coste de 32.000 millones de euros que se asumen entre el INSS y las empresas". También contribuyen a este efecto las horas no trabajadas por ampliación de permisos, como los de paternidad, y las ausencias no justificadas por motivos personales, como las cargas familiares. A estos dos factores se añade un cambio metodológico en la recopilación de datos de horas trabajadas por el INE a partir de 2021 al que algunos investigadores como Miguel Artola achacan la caída porque mejora la medición de las ausencias. También la implementación del registro horario desde mediados de 2019, que obliga más a las empresas a informar de la jornada de sus trabajadores. "Hemos debatido mucho en el Comité Técnico de Estadísticas Laborales del INE, pero no hemos llegado a conclusiones relevantes", advierte Gordo, sobre cómo medir mejor las horas trabajadas. Mayor crecimiento en los sectores intensivos en empleo Más allá de la medición y los motivos, el desglose sectorial de la productividad y las horas trabajadas apuntala la idea de que el repunte es más estadístico, por un efecto composición, que por una mejora generalizada en la asignación de recursos. Las ganancias de productividad no han sido generalizadas, sino que se han concentrado en sectores tradicionalmente intensivos en mano de obra, como algunos servicios, y en el sector primario, en contraste con las caídas desde 2022 en la industria y en la construcción. En concreto, el descenso de horas trabajadas que permite el aumento de la ratio del PIB por hora se está concentrando en las actividades con menores niveles de productividad, mientras que las horas trabajadas aumentan en los sectores más productivos. La tesis de la institución es que ramas como el comercio, el transporte y la hostelería "han aprendido" tras la pandemia, apostando por una mayor desestacionalización y digitalización, también impulsada por los fondos de recuperación europeos. Por ello, Grodo concluye que "esta mejora reciente de la productividad no cambia lo que sucede en la economía española y sus debilidades estructurales" porque no hay un cambio de modelo productivo. Respecto a la divergencia entre el PIB por hora trabajada y el PIB por ocupado, Rafael Doménech, responsable de Análisis económico de BBVA Research, señala que lo deseable sería que el crecimiento del primero fuera "lo suficientemente grande como para permitir un aumento del PIB por persona ocupada", porque es lo que va a determinar el nivel de renta y de bienestar. Algo que, en paralelo, debería ir acompañado de una disminución "voluntaria" de las horas trabajadas. Considera que la evolución actual es "inconsistente" con unas preferencias individuales normales respecto al tiempo de trabajo. Por su parte, el presidente del Consejo de la Productividad, Juan Francisco Jimeno, añade que un crecimiento de la productividad del 1% no es suficiente para sostener la economía cuando la demografía se invierta. De hecho, hace falta el doble, según cifró el último informe del consejo. Además, advierte de que el impacto de la IA en la productividad puede demorarse. "La difusión de los cambios tecnológicos, lo que los economistas llaman curva J, sugiere que estos tardan un tiempo en tener efecto e inicialmente rebajan la productividad porque la adopción inicial requiere de una serie de inversiones que todavía no producen resultados", avisa el economista.