San Ferm�nEl debutante ma�o corta la �nica oreja a �ltima hora en una tarde marcada por el intenso calor y el descatado juego de una armad�sima y fea corrida de Fuente Ymbro; la madura inteligencia de Luque y la sinceridad de Victor Hern�ndez, sin premio Aar�n Palacio abre faena de rodillas al ofensivo sexto de la tardeCasa de MisericordiaActualizado Martes,

julio

21:31A cuarenta grados a la sombra, bajo un pesad�simo manto de mansedumbre, la listeza y la disposici�n de Aar�n Palacio asomaron entre el destartalado mar de cuernos de Fuente Ymbro para cortar a �ltima hora la �nica oreja. Palacio debut� en San Ferm�n con los patrones claros de los palos a tocar en Pamplona. Y, despu�s de todo, o despu�s de tanta nada, se llev� el gato al agua. Frescura para refrescar tanto sopor. Ni la inteligente madurez de Daniel Luque ni la sinceridad de V�ctor Hern�ndez, el otro debutante, levantaron la fea losa de Gallardo.S� ser� buen torero Daniel Luque, que incluso aquel manso de cabeza tot�mica cab�a en su muleta. Era el primero de la desigual -ajena a la armon�a-, armad�sima y descastada corrida de Fuente Ymbro, el primero de los cuatro cinque�os del env�o tambi�n, y su inter�s por embestir no exist�a. Tanto es as� que en los capotes parec�a como si no viera, con su despampanante testa por encima de las esclavinas. Afront� el �ltimo tercio Luque, le dio su distancia -retrasado el embroque- y lo meti� en su muleta. No se la toc� m�s que una sola vez, en el primer muletazo de la faena. Impecable hacer para tan poco, la nada del fuenteymbro, que dec�a eso, nada, hasta que se puso a defenderse. Lo pasaport� de un solo viaje, tras las manoletinas, y no se enter� nadie. De nada.Devolvieron el siguiente toro, de cuerpo menor, porque no se sosten�a. V�ctor Hern�ndez corri� turno y sali� un toro feo, las puntas de las lanzas por delante, un cuerpo en consonancia con la cara y un movimiento vac�o. Toro pasador sin mala intenci�n y triste fondo. De V�ctor H. se puede decir que estuvo listo y espabilado para jugar con las distancias y aprovechar las inercias. Desaparecidas unas y otras, el fuenteymbro no pon�a lo que le tocaba, la bravura que no apareci� en toda la tarde. Alegr� el final por manoletinas y lo tumb� con media estocada. Ovaci�n al canasto.M�s listo todav�a que V�ctor H. y que los ratones coloraos anduvo Aar�n Palacio, con un tercero con m�s movimiento que empleo. Desde que salud� por faroles de rodillas y ver�nicas movidas hasta que se despidi� por molinetes de rodillas, todo lo aport� el ma�o con aquel jabonero que no daba ni casta ni clase. Otro que pasaba por all�. Agarr� Aar�n una estocada casi entera que provoc� el v�mito y la muerte. Como le pidieron la oreja inopinadamente, se dio una vuelta al ruedo del mismo modo.Salt� como cuarto un jabonero cuajad�simo y basto hasta las pezu�as con sus 600 kilos de carne -y s�lo carne- en todo lo alto. Un toro de Rubens. Daniel Luque, m�s que listo, anduvo inteligente para entender su mejor mano izquierda en dos series centrales que fueron el c�nit de una faena superior a la bestia descastada que acab� buscando tablas. All� donde Luque lo despidi� por luquecinas y una seguridad que ampli� a la espada.El sobrero que V�ctor Hern�ndez se dej� como quinto aspiraba al t�tulo de toro m�s feo de los vistos esta temporada. Y un cabr�n, adem�s, en su mansedumbre. Le tir� dos derrotes terribles a la ingle cuando toreaba por la mano derecha; uno de ellos le golpe� sin voltearlo. Faena desabrida y desagradecida ante aquel ente destartalado en todo. Pas� a la enfermer�a despu�s de liquidarlo.Aar�n Palacio se fue a porta gayola con un sexto de testa brutal y manso como todos los dem�s. O m�s, desde que en banderillas anunci� todo lo que le pesaban los adentros. Listo y dispuesto para tocar la fibra de Pamplona, Palacio abri� faena de rodillas y sorte� los cabezazos de la �nica serie que tuvo el fuenteymbro antes de rajarse. Casi se lo lleva puesto en mitad del arrim�n con un arre�n hacia los adentros. Un cuerpo a tierra contra las tablas lo salv� del atropello. Pas� por encima el toro como en los encierros, con la querencia clavada en la vista. Eso le entreg� el favor del p�blico. La misma determinaci�n emple� para matar. Una oreja despu�s de todo. O despu�s de tanta nada.