¿Existen sociedades donde las personas prosociales son castigadas? Esa fue la pregunta de investigación que se plantearon Benedikt Herrmann, Christian Thöni y Simon Gächter en su estudio “El castigo antisocial en las distintas sociedades”, publicado en la Revista Science (2008). Y la respuesta es: “sí”. Hay sociedades que castigan a quienes se portan bien; a eso se le llama castigo antisocial. El castigo antisocial es un acto contra las personas que actúan positivamente en una institución o sociedad. Y aquello parece imposible, pero el estudio descubrió que esa actitud de castigar a buenas personas es predecible en sociedades con normas y Estados débiles. Es decir, en algunos entornos ser bueno es peligroso, no solo mal visto, sino causa de sufrimiento. Sujetos buenos pueden ser hostigados, aislados, menospreciados. Así, a través de las ideas de Herrmann, Thöni y Gächter se puede explicar la violencia como castigo antisocial en el entorno deportivo, donde las barras de fanáticos, a través de diversas manifestaciones de violencia (simbólica o real), tratan de agredir a los equipos contrarios, por considerarlos más hábiles y virtuosos. Herrmann, Thöni y Gächter encuentran dos factores que explican este castigo. El primero: normas débiles, ¿qué significa? Las sociedades que castigan a los altruistas son sociedades con un fuerte individualismo, donde se trata de beneficiar solo a círculos cercanos, aunque sean corruptos, incompetentes y malos. Y si el grupo corrupto es mayoritario, la minoría es neutralizada. Como consecuencia del castigo antisocial se producen baja productividad, calidad y cooperación. Para superar esto, es necesario tener las instancias directivas y darles capacidad de actuación. Pero las directivas deben ser virtuosas y generar confianza. El segundo aspecto tiene relación con las leyes. Se requiere que sean claras, precisas y no permitan la actuación dudosa ni parcializada, ni huecos interpretativos. Se requieren normas sociales específicas, reglamentaciones detalladas y rigurosas que permitan dar cuenta de la actuación y establecer sanciones al procedimiento corrupto. Así, una gran tarea de los gobiernos es construir la confianza social y brindar un marco legal con seguridad de actuación. Las reglas coherentes y detalladas son las que promueven las inversiones, las que permiten la planificación empresarial, institucional y personal a largo plazo. Si las reglas cambian de la noche a la mañana, nadie se arriesgará. Si la ciudadanía siente que se obra solo a favor de unos y en detrimento de otros, difícilmente cooperará. Cuando un entorno hostiga a quienes proceden correctamente, disminuye la productividad, se acallan opiniones y se silencian corazones. Pero en contra del castigo antisocial está el castigo altruista, que es la capacidad de actuación de una instancia contra aquellos que no obran bien. De ahí que el análisis de datos y la transparencia sean herramientas poderosas para desenmascarar las redes de mediocres que cooptan espacios de poder y usan la violencia para ensombrecer a gente valiosa. (O)