Opinión¿Qué hace que seres humanos razonables se transformen en jueces sin pruebas y verdugos sin arrepentimiento?ASESOR DE ASUNTOS PÚBLICOS Y PROFESOR CATEDRÁTICO19.06.2026 22:01 Actualizado: 19.06.2026 22:01 El sociólogo Gustave Le Bon escribió en 1895, observando las turbas francesas, que el individuo que se disuelve en una multitud pierde momentáneamente su capacidad de razonar. Adquiere un alma colectiva, primitiva, gobernada por un virus emocional y no por el juicio. Le llamó a esto la psicología de las masas.Un siglo después, el investigador Philip Zimbardo le dio un nombre más complejo: “deindividuación”. Ambos podrían describir lo que hoy ocurre en cualquier grupo o en redes sociales cuando alguien escribe una o dos frases que encienden la mecha de la indignación concluyendo con un “hay que hacer algo”.Hace unos días, en un chat de vecinos de un barrio al norte de Bogotá, enviaron un video de unas personas histéricas gritando que un niño estaba siendo abusado por un extranjero en un balcón. Se citaron al frente del edificio para enfrentar el hecho. No hubo proceso, ni la presunción mínima de que los hechos debían comprobarse. Hubo, en cambio, una secuencia de estudio sociológico: acusación inicial, propagación exponencial, radicalización del lenguaje y, finalmente, el llamado a la violencia.En el grupo de WhatsApp pidieron linchar al acusado; se ofendieron cuando la Policía Nacional lo sacó escoltado de donde lo querían golpear. Otros osados solicitaron de inmediato la extinción de dominio sobre la propiedad del arrendador del edificio; exigieron investigar al cómplice vigilante, y hasta acusaron a la esposa del hombre de ser proxeneta. Todos condenados por la muchedumbre digital. En cuestión de horas, una comunidad entera ejerció los poderes del Estado, acusaron y sentenciaron desde sus teléfonos.La noticia llegó a las redes sociales, donde exigían ver el rostro del villano, pedían fotos y videos. Ninguno buscaba la veracidad: solo la certeza de que su morbo e ira tenían razón de ser. Nos recuerda a los juicios de Salem, que no fueron un episodio de superstición medieval, sino el resultado de ese mecanismo psicológico que quería quemar lo que tuviera que ser quemado.La multitud necesita un culpable más de lo que necesita la verdad, porque el culpable resuelve la ansiedad colectiva mientras que la verdad, casi siempre, demora y decepciona. En este caso, la realidad, los hechos y la ciencia mostraron que toda la comunidad se había confundido. No hubo abuso, no hubo delito; ningún niño había sido agredido.¿Qué hace que seres humanos razonables, padres de familia, profesionales, vecinos que se saludan todos los días, se transformen en jueces sin pruebas y verdugos sin arrepentimiento? Impresiona la facilidad con la que la conciencia individual se disuelve cuando encuentra compañía que comparte la misma matriz moral. También puede ser culpa de la oxitocina que aumenta cuando vemos gente sufriendo y nos impulsa a buscar castigo.Los ciudadanos quisieron acabar con el ciudadano americano; su rostro y dignidad rodaron por las redes sociales. Nadie esperó los resultados de las autoridades, ellas sí competentes. Qué vergüenza con el señor que vino al país a adoptar; qué tragedia con el niño, que tuvo que pasar por exámenes y una larga retención por culpa de unos vecinos morbosos y de una muchedumbre irritable.No existe capacitación ni campaña que disuelva por completo ese instinto. Es una astilla muy antigua de nuestra naturaleza social. Lo único que la civilización ha logrado con enorme esfuerzo es interponer un sistema —lento y burocrático, es cierto— entre el impulso de linchar y la posibilidad de hacerlo.Ojalá quede la lección. Hay que dudar de nuestra mente inquisidora y confiar más en las instituciones. Que la justicia o injusticia venga de la organización política que entre todos construimos y no, faltaba más, de una turba desquiciada. Sigue toda la información de Opinión en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal. BOLETINES EL TIEMPORegístrate en nuestros boletines y recibe noticias en tu correo según tus intereses. Mantente informado con lo que realmente te importa.EL TIEMPO GOOGLE NEWSSíguenos en GOOGLE NEWS. Mantente siempre actualizado con las últimas noticias coberturas historias y análisis directamente en Google News.EL TIEMPO WHATSAPPÚnete al canal de El Tiempo en WhatsApp para estar al día con las noticias más relevantes al momento.EL TIEMPO APPMantente informado con la app de EL TIEMPO. Recibe las últimas noticias coberturas historias y análisis directamente en tu dispositivo.SUSCRÍBETE AL DIGITALInformación confiable para ti. Suscríbete a EL TIEMPO y consulta de forma ilimitada nuestros contenidos periodísticos.