22 de junio, 2026 - 07h00Si Hannah Arendt advirtió la banalidad del mal en el caso Eichmann, cabe invertir el enunciado: lo banal puede ser un mal. Ya lo dijo el papa León: “el mal, por poderoso que parezca, nunca debe tener la última palabra”.En la iglesia de San Agustín en Barcelona, Renzo, un niño marcado por la pobreza y la violencia, preguntó a León XIV el porqué de la desigualdad, del trabajo excesivo, la soledad, el perdón, el sufrimiento de los buenos. El papa respondió que no hay soluciones simples para el dolor y la injusticia, que Dios acompaña a los sufrientes y que el perdón no justifica el daño ni exige olvido; evita que el odio gobierne el corazón.Y es que el mal de lo banal o la privación del bien se enraíza en las mafias que sacralizan la riqueza. En poderosos políticos que se adueñan de las guerras. En líderes de la inteligencia artificial y sus nuevas formas de dominio. En millonarios buscando absolución eclesial para su espiritualidad anoréxica (para Borges el lujo era la mayor forma de vulgaridad). En personas indiferentes al dolor ajeno, cobijadas bajo una moral a su medida.Las preguntas de Renzo remiten a la persistencia de la desigualdad. Las claves de la Cepal para el desarrollo (2025) urgen políticas integrales para la baja movilidad social, alta desigualdad y débil cohesión. El PNUD (2026) en Democracias bajo presión señala que las desigualdades económica, social, política, de género, étnicas y territoriales debilitan la democracia. Superar esa trampa estructural exige fortalecer la representación, la capacidad estatal y políticas públicas de equidad e inclusión.Cuando Z. Bauman planteó la modernidad líquida –individualista, mutable, caótica, sin rumbo moral, vínculos volátiles, intimidad expuesta– aludía a la banalidad que rompe los cimientos de las instituciones y estructuras sólidas. Ante lo incierto, la liviandad es refugio frente al miedo a ser libre. Las redes sociales, p.ej., exhiben la cesión a lo trivial.B.C. Han, en Capitalismo y pulsión de muerte (2022), sostiene que “asistimos a un paroxismo de producción y de crecimiento que recuerda a un paroxismo de muerte”, empujando al sujeto a su autoexplotación por el rendimiento y la acumulación. Retoma la metáfora de S. Freud sobre la ‘pulsión de muerte’, pues el hombre –y su cruel agresividad– es “una bestia salvaje que ni siquiera respeta a los miembros de su propia especie”. No obstante, surgen voces que desafían el status quo sin atropellos lingüísticos deshumanizantes sino con la autoridad de quien conoce un mundo malherido. Felipe VI ha dicho del papa León que es un líder que trasciende lo religioso, un hombre valiente que convoca desde la integridad, la humildad y los valores compartidos, la ética, y la responsabilidad internacional.Me declaro incapaz de comprender los asuntos de los dioses, pero reconozco cuando una voz se impone al ruido. La del papa León inspira a las nuevas generaciones a crear una civilización de esperanza, a cuestionar el mal de lo banal, y reivindicar la paz y equidad. Yo alzo la mía pidiendo justicia para Monika Silva, Fernando Villavicencio, Jorge Gabela y tantos más. (O)
Gilda Macías Carmigniani: El mal de lo banal | Columnistas | Opinión
(...) un niño marcado por la pobreza y la violencia, preguntó a León XIV el porqué de la desigualdad, del trabajo excesivo, la soledad, el perdón...








