Un macroestudio con 13.000 ciudadanos de 10 Estados de la UE, incluido España, revela que el mal comportamiento de los cargos públicos, sea por mentir, beneficiar a un familiar o aceptar sobornos, se penaliza incluso en los países que se perciben más corruptos

Por más corrupción que haya en un país europeo, sus ciudadanos la siguen penalizando. De norte a sur, de este a oeste, los comportamientos negativos de los políticos se pagan caros en la percepción que tienen de ellos los ciudadanos. Y eso incluye las faltas que en principio parecen más veniales, como soltar una mentira en una rueda de prensa, aunque siempre se castigan más las que se perciben peores: beneficiar a un familiar aprovechándose del cargo y aceptar sobornos. Pero con un matiz: si el político es de la misma ideología que su votante, este le castigará menos. Y si el votante es joven , penalizará menos al político que un votante mayor. ...

Estas son algunas de las conclusiones de un amplio trabajo científico de tres años basado en la opinión de 13.000 ciudadanos de 10 países de la UE, que apunta a que los europeos de los cuatro puntos cardinales comparten una cultura de la penalización a los políticos bastante parecida. Aunque la fuerza de ese castigo varía de país a país, las conductas fuera de lugar se penalizan siempre y en este orden de creciente gravedad: mentir, beneficiar a un familiar y aceptar sobornos. En muchos países, eso sí, la sanción a los dos últimos comportamientos “es muy similar o estadísticamente la diferencia no es significativa”, explica el profesor de Ciencia Política y de la Administración de la UNED Luis Ramiro, que ha participado en el estudio.