La confianza en las instituciones es una de las claves del sistema democrático. Y la corrupción deteriora muy intensamente ese imprescindible hilo de conexión entre la ciudadanía y los poderes públicos. No podía bastar con pedir perdón, ante la enorme trascendencia del caso Koldo y la imputación por graves delitos de los dos últimos secretarios de organización del PSOE. Recuperar la credibilidad implicaba de forma urgente un anuncio gubernamental sobre impulso democrático.

Los gobiernos de Pedro Sánchez han conseguido logros valiosos en los últimos años, en el ámbito del crecimiento económico, de la protección social o de la profundización en las libertades. Sin embargo, en materias como la lucha contra la corrupción, la gestión ha sido exigua o casi nula. La muestra más evidente ha sido la retahíla de reproches a España, emitidos en informes anuales muy duros, por parte de los órganos europeos y de otras entidades internacionales, ante la falta de aplicación de medidas de integridad institucional que eran completamente necesarias.

Sin duda, toda gestión política puede presentar insuficiencias en algunas áreas. En todo caso, una vez se han detectado indudablemente los efectos devastadores de esas carencias, habría llegado el momento de articular un plan de choque de regeneración democrática efectiva.