Ninguna reforma t�cnica bastar� sin m�s familias con hijos, y sin mayor empleo de calidad.Las pensiones de jubilaci�n son uno de los pilares del bienestar social en las econom�as desarrolladas, pero en Espa�a la demograf�a y las cuentas de la Seguridad Social proyectan oscuras sombras sobre su sostenibilidad. Y son el mayor rengl�n de gasto p�blico.Los sistemas p�blicos de reparto nacieron y se desarrollaron en una realidad demogr�fica, laboral y econ�mica que ya no existe: muchos trabajadores por cada pensionista, carreras laborales largas, incorporaci�n temprana al mercado de trabajo y esperanza de vida mucho menor. Hoy vivimos m�s a�os, tenemos muchos menos hijos, empezamos a trabajar m�s tarde y la edad de jubilaci�n ha aumentado much�simo menos que la esperanza de vida. El resultado: cada vez hay m�s pensionistas y menos poblaci�n activa en t�rminos relativos para financiar las prestaciones. No es un problema ideol�gico, sino aritm�tico. En 1963, cuando se aprob� la Ley de Seguridad Social, Espa�a ten�a m�s de siete personas en edad de trabajar por cada una con 65 a�os o m�s. A comienzos de 2026 ten�amos 2,9 a 1, y la fecundidad en m�nimos hist�ricos (solo 1,10 hijos por mujer en 2024). Sin una base suficiente de personas en edad de trabajar, cualquier sistema de pensiones, sea de reparto, de capitalizaci�n o mixto, acaba enfrent�ndose a l�mites severos.La magnitud del desequilibrio ya se refleja en las cuentas p�blicas. La Seguridad Social no ten�a d�ficit en 2010. En 2025, con m�s afiliados, cotizaciones m�s altas y edad de jubilaci�n m�s elevada, su d�ficit directo -ingresos por cotizaciones menos gasto en pensiones y otras prestaciones- ascendi� a 69.783 millones de euros (seg�n Fedea), mucho m�s que el d�ficit p�blico agregado de Espa�a, 40.330 millones. �Sin el d�ficit de la Seguridad Social, Espa�a habr�a cerrado 2024 con super�vit fiscal!El gasto en pensiones de jubilaci�n no deja de crecer (125.369 millones de euros en 2024), por haber m�s pensionistas, tener los nuevos jubilados pensiones m�s altas que las generaciones anteriores, la revalorizaci�n recurrente de las prestaciones y el incremento de pensiones y complementos no contributivos. Estructuralmente, Espa�a tiene uno de los sistemas m�s generosos de Europa en relaci�n al �ltimo salario percibido, en torno al 80%, muy por encima de lo que corresponder�a seg�n lo cotizado y para la sostenibilidad financiera del sistema. En promedio, nuestros jubilados acabar�an cobrando en pensiones 1,7 euros por cada euro cotizado entre ellos y su empleador (sobre todo, por su empleador). Por eso pocos asalariados quieren seguir trabajando pasada la edad te�rica de jubilaci�n, muchos menos que en otros pa�ses europeos. Y para empeorar las cosas, las prestaciones crecen mucho m�s r�pido que la base que debe financiarlas. Entre 2010 y 2025, el salario medio aument� un 22%-25%, por debajo de la inflaci�n acumulada, y la pensi�n media creci� un 65%-70%.Retrasar bastante la edad de jubilaci�n es l�gico y necesario. Los 65 a�os responden a una realidad hist�rica muy superada. A comienzos del siglo XX, se empezaba a trabajar antes, se viv�a menos y hab�a muchos m�s activos por cada jubilado. Hoy, la esperanza de vida a los 65 a�os supera los 21 a�os. Pero retrasar gradualmente la edad de retiro no es suficiente. El efecto positivo para el sistema de cada a�o adicional trabajado se agota al cabo de unos tres a�os, por el deterioro de la pir�mide de poblaci�n. Y si siguen naciendo menos ni�os cada a�o, ese deterioro continuar� y se acentuar� en la segunda mitad del siglo XXI.Base demogr�fica muy insuficienteTampoco los inmigrantes resolver�n el problema. Con 10 millones en Espa�a en 2025, muchos m�s que en 2010, la Seguridad Social tuvo el astron�mico d�ficit ya mencionado. La inmigraci�n puede aportar trabajadores y contribuir temporalmente al dinamismo econ�mico -aunque si llega demasiada, como en Espa�a, crea otros desequilibrios-, pero no compensa una base demogr�fica propia muy insuficiente, ni garantiza la sostenibilidad del sistema, entre otras cosas, porque sus cotizaciones por persona son bajas en promedio.Espa�a necesita una reforma gradual y, a fondo, del sistema de pensiones. Eso implica contener el crecimiento del gasto p�blico (jubilaciones m�s tard�as; menos generosidad en jubilaciones; ce�ir las pensiones de viudedad a madres que no cotizaron, o poco; contener pagos no contributivos, etc...), con m�s incentivos para prolongar voluntariamente la vida laboral y modelos con mucho mayor peso del ahorro privado y los planes de empleo. El ahorro previsional est� muy poco desarrollado, lej�simos del promedio OCDE (90% a 100% del PIB, por menos del 10% aqu�). Reforzar el ahorro privado no es desmantelar las pensiones, sino apuntalar su sostenibilidad y suficiencia. Un sistema sano debe combinar un pilar p�blico que garantice una base m�nima, un pilar de empleo -ahorro privado obligatorio- robusto, y un pilar voluntario que a�ada holgura en la vejez. Hacen falta m�s incentivos fiscales, estabilidad normativa y una mayor cultura de previsi�n.Pero ninguna reforma t�cnica bastar� a la larga sin m�s familias con hijos, y sin una econom�a que cree riqueza y empleo de calidad. Las pensiones dependen de una sociedad con suficientes personas para trabajar, producir, cuidar y sostener v�nculos entre generaciones.Espa�a puede elegir entre reformar ahora, de manera gradual y responsable, o esperar a que la realidad imponga ajustes m�s bruscos y dolorosos, tipo Grecia. El tiempo, en materia de pensiones, no juega a nuestro favor.*Alejandro Macarr�n Larumbe, Responsable de Estudios y An�lisis Social de CEU CEFAS.