En cuanto a la apertura de la econom�a al exterior Espa�a cedi� en algunos aspectos, pero el balance es positivo.El 1 de enero de 1986 fue un d�a muy importante para la econom�a espa�ola, ya que el pa�s se convirti� en miembro de la Comunidad Econ�mica Europea. Como en la mayor parte de los pa�ses del continente, el debate sobre el libre comercio internacional ha ocupado un lugar destacado en nuestra historia econ�mica. Fracasado el intento liberalizador que tuvo lugar tras la Revoluci�n de 1868, el pa�s acab� orient�ndose hacia el proteccionismo, lo que condicionar�a la evoluci�n de la econom�a durante muchos a�os. Ya en 1891, siendo C�novas del Castillo presidente del Consejo de Ministros, se aprob� un arancel claramente proteccionista, que tendr�a efectos muy negativos para el progreso del pa�s durante mucho tiempo. Y la pol�tica comercial continu� en esta l�nea durante m�s de medio siglo. El nacionalismo de la Dictadura de Primo de Rivera no era, desde luego, el marco m�s proclive para la liberalizaci�n comercial. Y la Rep�blica se encontr�, adem�s, poco m�s tarde, con las graves distorsiones que caus� al comercio internacional el arancel proteccionista Smoot-Hawley en Estados Unidos. Los primeros a�os del r�gimen de Franco se caracterizaron tambi�n por el nacionalismo econ�mico; y se lleg� incluso a considerar la autarqu�a como un objetivo hacia el cual se deber�a orientar la pol�tica econ�mica. La idea era absurda, ciertamente. Pero habr�a que esperar hasta 1959 para que, tras la aprobaci�n del Plan de Estabilizaci�n, la econom�a espa�ola comenzara un proceso de apertura al exterior, en el cual ser�a un hito indiscutible el ingreso de Espa�a en la Comunidad Econ�mica EuropeaEspa�a hab�a iniciado su relaci�n con la Comunidad mucho tiempo antes; y en 1970 se hab�a firmado un importante Acuerdo Comercial Preferencial, que abrir�a el camino hacia la plena integraci�n. Pero �sta s�lo se completar�a una vez restablecida la democracia e introducidas las reformas econ�micas exigidas por la CEE. En 1977, el gobierno de Espa�a present� una solicitud formal de adhesi�n; y en 1979 abrir�an unas largas negociaciones que culminar�an seis a�os m�s tarde con el acuerdo finalde integraci�n.Uno de los resultados m�s relevantes de la incorporaci�n a la CEE ha sido un cambio sustancial en el marco institucional en el que se dise�a y se gestiona la pol�tica econ�mica en nuestro pa�s. Los efectos de ello son evidentes en numerosos campos. En primer lugar, como se ha se�alado antes, el pa�s se abri� al exterior en un grado mucho mayor que lo que se hab�a conocido hasta entonces. Los aranceles y otras muchas restricciones en el comercio con los restantes pa�ses de la CEE desaparecieron. Y la pol�tica comercial exterior con terceros pa�ses pas� a ser competencia de la Comunidad. Por otra parte, la regulaci�n de la econom�a espa�ola qued� condicionada en buena medida, y de forma por lo general positiva, por las normas europeas. Es evidente que la CEE -Uni�n Europea desde 1993- no es precisamente un ejemplo de econom�a con bajo nivel de regulaci�n. Pero la experiencia muestra que, cuando ha sido el Estado espa�ol el que ha decidido qu� y c�mo regular, los resultados han sido aun peores.M�s tarde, le lleg� el turno a la pol�tica macroecon�mica, como consecuencia de la integraci�n en la Uni�n Monetaria. Al formar parte de ella desde su creaci�n en 1999 Espa�a renunci� a su soberan�a monetaria; y su pol�tica fiscal pas� a estar condicionada -al menos parcialmente- por las reglas de estabilidad, referidas b�sicamente a las cifras de d�ficit y de deuda p�blica. Las restricciones europeas supon�an limitar la discrecionalidad de los estados miembros en su pol�tica fiscal. Lo cual resultaba, sin duda, muy conveniente para un pa�s como Espa�a, poco amigo tradicionalmente de la ortodoxia financiera en su sector p�blico. Es cierto que la pol�tica de la Uni�n Monetaria Europea ha sido a veces poco coherente; incluso bastante decepcionante en algunos momentos. Pero no cabe duda de que, sin el abandono de la peseta y sin la existencia de reglas europeas de estabilidad financiera -aunque en ocasiones fueran relajadas en exceso- nuestras tasas de inflaci�n habr�an sido mucho m�s altas y la situaci�n de nuestras finanzas p�blicas ser�a hoy significativamente peor de lo que es.�C�mo podemos valorar los efectos de esta integraci�n, que ya ha cumplido cuatro d�cadas? Como siempre sucede en estos casos, hubo, en su momento, cr�ticas por parte de quienes ve�an que la entrada en la CEE era equivalente a sacrificar sectores enteros de la econom�a nacional, especialmente en la industria. Pero es indiscutible que los resultados han sido globalmente muy positivos; hasta el punto de que hoy resulta impensable imaginar a Espa�a fuera de la Uni�n. No es sorprendente. Si algo nos ense�a la historia es que cuando Espa�a se ha encerrado tras sus fronteras, la econom�a ha funcionado peor que cuando se ha abierto al mercado internacional. La teor�a econ�mica afirma que un proceso de integraci�n regional es un segundo �ptimo frente a una apertura plena al comercio. Pero tambi�n concluye que puede ser una forma eficiente de abrir la econom�a de un determinado pa�s. Espa�a es un ejemplo claro de ello.Francisco Cabrillo | Catedr�tico Em�rito de Econom�a de la Universidad Complutense. Fundaci�n Civismo