Hace 40 a�os, Espa�a se incorporaba a la CEE y se iniciaba una profunda transformaci�n de nuestro pa�s. Es ocioso en la extensi�n de esta tribuna tratar de describir la evoluci�n en estas cuatro d�cadas, con lo que me centrar� en alg�n elemento cualitativo que considero relevante.Espa�a se ha caracterizado por un tejido productivo de insuficiente dimensi�n como para procurar empleos a todas las personas que los buscaban. Por eso, hemos tenido siempre altas tasas de desempleo en comparaci�n con la UE.Ten�amos un modelo productivo excesivamente marcado por la presencia de actividades estacionales (turismo y agricultura); con una insuficiente base industrial, que adem�s se situaba en los tramos medios-bajos de cadenas de valor cada vez m�s globales; y con la irregular presencia de sectores dependientes de burbujas de sobreendeudamiento, como ocurri� con el inmobiliario.En este modelo econ�mico, con una escasa productividad, se concibieron, como principales ventajas comparativas, los bajos salarios y la precariedad en la contrataci�n. Sucesivas reformas laborales profundizaron en una l�gica seg�n la cual la temporalidad en la contrataci�n se convert�a en la forma de ajuste externo de las empresas, con el recurso sistem�tico al despido como m�todo de adaptaci�n del volumen de trabajo a los ciclos econ�micos.Lo m�s relevante que ha ocurrido en los �ltimos a�os en Espa�a es que tenemos la posibilidad cierta de modificar esos patrones econ�micos que rigieron nuestro pa�s durante d�cadas. Hoy es el momento de impulsar definitivamente que el precio de la energ�a sea el gran factor que atraiga inversi�n a la econom�a espa�ola, pudiendo alcanzar el pleno empleo si esta posibilidad se asienta. Nuestras balanzas exteriores siempre han sido deficitarias no solo por nuestra limitada capacidad exportadora, sino por nuestra enorme dependencia energ�tica. No tenemos petr�leo, gas, y apenas carb�n. Tenemos sol, viento, mareas... La oportunidad es in�dita.La transici�n de la econom�a global es otro factor clave. De la globalizaci�n neoliberal basada en la distribuci�n de las tareas productivas en funci�n de las llamadas ventajas comparativas en la econom�a mundo, estamos pasando a una fragmentaci�n competitiva respecto al control de los inputs de producci�n claves y cr�ticos entre las grandes �reas que pugnan por la hegemon�a global. Est� por ver si la UE es capaz de apostar por su autonom�a estrat�gica, o se somete, fragmentada, al vasallaje que pretende EEUU, supuesto en el que el declive de nuestros pa�ses ser� inevitable. Si de verdad en Europa se consolida la primera opci�n, podemos equilibrar nuestro modelo econ�mico con una reindustrializaci�n.Adem�s de los elementos geopol�ticos, tambi�n la transformaci�n parcial del citado aparato productivo est� avanzando en medio de la incertidumbre.Las reformas pospand�micas en material laboral han empujado en esa direcci�n. Las subidas del SMI o la reducci�n dr�stica de la temporalidad lograda con la reforma laboral deben continuar con mejoras de nuestra legislaci�n laboral (tiempo de trabajo y su distribuci�n, despido, tiempo parcial, etc.), de manera que se incentive un modelo empresarial que genere valor y rentabilidad desde par�metros distintos a los bajos salarios y los malos empleos. La mejora de la productividad de la econom�a espa�ola no se alcanza con una norma que favorece las peores pr�cticas laborales en las empresas. M�s bien al contrario, la mera estabilizaci�n de la contrataci�n ya apunta mejoras en la tendencia de las empresas a facilitar formaci�n a sus plantillas, por citar un ejemplo sobre c�mo el orden de los factores no es el que siempre nos han contado. Las mejores condiciones laborales no tienen por qu� ser solo consecuencia de las mejoras previas de productividad, sino que las pueden impulsar.Espa�a, como otros pa�ses, est� en la encrucijada hist�rica de resituarse pol�tica, social, econ�mica, y laboralmente ante la transformaci�n del poder en el mundo. Hay riesgos evidentes que vemos a diario en las noticias ante el riesgo de caos global que plantean las extremas derechas. Pero hay tambi�n oportunidades in�ditas para nuestro pa�s que debemos consolidar con m�s democracia, mejores empleos, derechos laborales, pol�ticas p�blicas, e incentivos virtuosos.Unai Sordo, secretario general de CCOO.