España se ha convertido, en apenas un cuarto de siglo, en el gran laboratorio demográfico de Europa. Si en 1990 apenas el 2% de la población había nacido en el extranjero, hoy casi uno de cada cinco residentes procede de otro país. Este cambio sitúa al país como el principal motor del crecimiento demográfico de la Unión Europea, aportando casi el 43% del incremento total comunitario en 2024. La recomposición social ha desafiado el viejo dogma de que la llegada masiva de trabajadores extranjeros reduce las oportunidades laborales de la población local. Lejos de esta vieja idea arraigada, la evidencia acumulada entre 2005 y 2024 por instituciones como el Banco de España y Fedea certifica que el mercado laboral español ha sido capaz de absorber a millones de migrantes sin mermar las oportunidades de los trabajadores nacionales. De hecho, en términos agregados, el crecimiento económico ha prevalecido sobre la competencia directa entre unos y otros. Esta ha sido una de las conclusiones del último ciclo sobre Cuestiones estructurales de la economía española, llevado a cabo este jueves por el Consejo General de Economistas y Fedea, el centro de análisis del que forman parte algunas de las mayores empresas españolas. La explicación reside en un mecanismo que los economistas denominan “sustitución imperfecta”. En la práctica, significa que los trabajadores inmigrantes y los nativos no suelen competir por los mismos empleos, incluso cuando cuentan con un nivel educativo parecido. Los extranjeros suelen concentrarse en ocupaciones manuales o rutinarias, especialmente en sectores como la hostelería, la construcción o la agricultura. Esa sectorización permite que la población activa nacida en España se desplace hacia funciones de mayor valor añadido, por lo que no compiten por los mismos puestos de trabajo. Lejos de perjudicar a la población local, el bum migratorio de las últimas décadas ha favorecido la movilidad ocupacional entre la población nativa. Es decir, que los inmigrantes actúan como un motor de ascenso profesional porque, a medida que la economía crece gracias al aumento de la mano de obra disponible, es más probable que los españoles encuentren puestos mejor remunerados y de mayor responsabilidad.La situación es más compleja para la propia población extranjera. Los analistas insisten en que, si existe competencia directa entre trabajadores, esta se produce entre foráneos con perfiles similares. Al respecto, Ismael Gálvez Iniesta, profesor del Departamento de Economía Aplicada de la Universitat de les Illes Balears, explica que “los inmigrantes son sustitutivos entre ellos mismos. Por eso el impacto de la inmigración es nulo o positivo para los nativos, pero suele ser perjudicial para los inmigrantes que ya estaban allí”. Esta cualidad de protección involuntaria del empleo nacional se hace evidente en épocas de crisis, como la que sufrió España entre 2008 y 2014. Según Iniesta, la población extranjera actuó como un amortiguador que suavizó el golpe del desempleo entre los españoles. El hecho de que muchos inmigrantes abandonaran el país o se desplazaran hacia otras regiones durante la crisis ayudó a reducir la sobreoferta laboral en los momentos de menor demanda, permitiendo que la caída de la ocupación y de los salarios entre los nativos fuera menos drástica de lo que habría sido en un mercado sin migrantes.En la actualidad, la economía nacional no solo ha demostrado capacidad para absorber estos flujos migratorios, sino que depende cada vez más de ellos para mantener su ritmo de crecimiento. Los análisis del Banco de España y Funcas apuntan a que, entre 2022 y 2025, la inmigración aportó alrededor de 1,7 puntos porcentuales al crecimiento medio anual del PIB, situado en el 3,7%. En otras palabras, cerca de la mitad del crecimiento económico registrado en ese periodo estuvo vinculado, directa o indirectamente, a la incorporación de trabajadores extranjeros al mercado laboral. Pilar Cuadrado, especialista en análisis cuantitativo y gestión de información económica del Banco de España, ha insistido en que “hay una relación positiva entre inmigración y crecimiento económico, así como en el consumo y las finanzas públicas”. El fenómeno responde, según su análisis, a factores estructurales. Un mercado laboral dinámico y unos salarios medios superiores a los de muchos países de origen convierten a España en un destino atractivo para la población migrante. Según los modelos elaborados por el organismo al que pertenece, una diferencia salarial de 10 puntos respecto a los lugares de procedencia puede incrementar los flujos migratorios en torno a un 25%.Ambos analistas insisten en que la necesidad de mano de obra extranjera no es coyuntural, sino que responde al envejecimiento de la población nacional. La entrada de extranjeros se ha convertido en la única fuente de crecimiento demográfico en el país. Los modelos utilizados por la institución confirman que el grado de envejecimiento es un factor determinante que atrae por sí mismo nuevos flujos, ya que la economía busca compensar el desequilibrio entre quienes se acercan a la jubilación y los jóvenes que se incorporan al mercado de trabajo. Esta lógica cobra importancia en el contexto actual de regularización extraordinaria, que ha recibido cerca de 1,2 millones de solicitudes. El propio presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha asegurado en los últimos días que, de no integrarse formalmente a estos trabajadores para que coticen y sostengan el sistema, el país podría perder el 19% de su PIB en 2050. “Sin inmigración 90.000 bares cerrarían, desaparecerían 220.000 explotaciones agrícolas, se cerrarían 50.000 aulas”, dijo durante la presentación del nuevo plan de integración. Desde una perspectiva fiscal, la regularización también cobra importancia. Incorporar a más de un millón de personas a la economía formal significa ampliar la base de cotizantes de la Seguridad Social en un momento en que el envejecimiento de la población tensiona el sistema de pensiones y aumenta la necesidad de asegurar el relevo generacional si se quiere garantizar la continuidad del estado de bienestar.
España absorbe el mayor flujo migratorio desde hace 20 años sin reducir el empleo de los nacionales
Varios estudios presentados por el Banco de España y Fedea muestran que el bum migratorio ha favorecido el ascenso laboral y la mejora salarial de los trabajadores españoles












