llevaba apenas cinco minutos sobre el campo. Ni le había dado tiempo a decir esta boca es mía. Pero entonces Mikel Merino demostró por qué es un hombre talismán de Luis de la Fuente. Recibió un pase de escuadra y cartabón de Ferran Torres y no falló. La embocó por abajo y dio el triunfo a España. Como en 2024 en la prórroga de los cuartos de final de la Eurocopa ante Alemania en Stuttgart. Marcó y dio la vuelta al banderín de córner en una celebración en la que emuló a su padre. Este martes es San Fermín y este lunes fue el chupinazo, por la mañana en su tierra y por la noche en Dallas. El pamplonica Merino no marcó un gol cualquiera y no lo hizo en una fecha cualquiera. Lo metió en un 6 de julio, con el 6 a la espalda, y justo cuando arrancan las fiestas más internacionales de España.Merino lo gritó como nunca porque había sufrido como jamás lo había hecho. Porque a finales de enero se lesionó y llegó a pensar incluso en que no iba a jugar más. No sabía si volvería y tampoco sabía si llegaría al Mundial. Una lesión ósea poco frecuente en el pie le obligó a pasar por el quirófano y estuvo más de cuatro meses de baja.“He sufrido mucho este año con la lesión y apenas he visto a mi hijo crecer pero esto lo he utilizado como fuerza”Otro entrenador ya no habría contado con él para este campeonato pero Luis de la Fuente es muy de los suyos, de su gente, de sus fieles. Muy de Unai Simón, al que defendió a capa y espada con el debate en la portería. Muy de Mikel Oyarzabal, al que mantuvo casi el final sobre el césped pese a que no estaba dando pie con bola. Y muy de Ferran Torres, de Fabián y de Merino, al que esperó hasta casi el último momento y decidió ingresarlo en la convocatoria. “He pasado momentos muy malos este año con la lesión y después fui padre hace dos meses y apenas he visto a mi hijo crecer por estar aquí pero todo esto lo he utilizado como fuerza y ha valido la pena”, explicó Merino tras el partido, con el pañuelo rojo de San Fermín al cuello.Merino es de los futbolistas que le terminan respondiendo al seleccionador en un momento u otro, aunque no se encuentren en su fase más boyante de juego. Jugadores a los que conoce desde hace mucho tiempo y de los que sabe qué le pueden aportar. Merino había sido titular ante Uruguay y había estado muy gris. Pero no por eso le puso la cruz y ante Portugal, con el partido atascado y camino de la prórroga, recurrió a él para relevar a Pedri. La jugada le salió que ni pintada. Tanto con él como con Ferran Torres y con Fabián Ruiz.Los tres entraron en la segunda mitad y los tres participaron en la jugada del gol. Fabián dio continuidad a la acción, Ferran Torres se inventó un pase magistral y Merino alojó el balón en la portería con un remate perfecto. “Ferran me ha dado un pase maravilloso, casi que lo más fácil ha sido el chut y ha salido bien”, relató el goleador.Con el pitido final el navarro dio un brinco de alegría mientras Oyarzabal, su antiguo compañero en la Real Sociedad, acudía a abrazarle. Dieciséis años después regresa España a unos cuartos de final de un Mundial. Lo hace, como entonces en Ciudad del Cabo, batiendo por 1-0 a Portugal. Aquella noche sudafricana el héroe fue David Villa, un delantero puro. En Dallas el protagonista ha sido Merino, un llegador profesional. Un futbolista de zarpazos, de apariciones fulgurantes.Un revulsivo de campeonato. Ese tipo de futbolista de clase media tan propio de la selección de De la Fuente, un jugador sin adornos, sin tonterías, lo más parecido a una persona normal dentro del mundo del fútbol. Que no es poco.