OpiniónMil desconocidos gritando al tiempo no son un juicio. Y la sospecha, por más viral que se vuelva, jamás podrá ser una condena.05.07.2026 23:01 Actualizado: 05.07.2026 23:01 Uno diría que el mundo digital nos volvió más vigilantes de los malos comportamientos. Hoy cualquier gesto que quede grabado en un celular puede darle la vuelta al planeta antes del almuerzo. Para bien: el racista, el abusador, el prepotente ya no cuentan con la impunidad de que nadie los vea. Pero dentro de esa misma máquina vive un monstruo, y se alimenta de nuestro afán justiciero. Porque una cosa es que la cámara registre, y otra muy distinta es que la turba juzgue.Hace unos días lo vimos en el Mundial. Durante el México-Ecuador en el Estadio Ciudad de México, una aficionada le arrojó una bebida por la espalda a dos hinchas ecuatorianos. El video se viralizó, la indignación fue inmediata y hasta legítima, y entonces empezó la cacería. Alguien lanzó un nombre y la red lo dio por cierto sin una sola prueba. En cuestión de horas, miles de desconocidos se convirtieron en fiscal, juez y verdugo.El problema es que ese nombre nunca se verificó. Hasta hoy, ninguna autoridad ha confirmado quién es la mujer del video. Pero la turba no espera confirmaciones, sino que exige culpables. Al ver que la primera señalada cerró sus redes, los cazadores siguieron rastreando y terminaron enterrando a una familia y a un negocio —una agencia de viajes— que nada tenían que ver con la agresión, hasta volver sus cuentas un basurero de insultos y amenazas. El internet no castigó a la culpable, la fabricó. Y luego otra. Cada vez con menos pruebas y más saña.Y no es un caso aislado. En Bogotá, a un ciudadano extranjero lo señalaron de abusar de un niño. La información resultó falsa, pero para cuando se supo, ya lo habían tratado como pederasta, y en la golpiza participaron incluso medios que se dicen serios. La acusación era mentira; el daño, permanente.Dos países, dos historias distintas, indignación legítima, verificación cero y una condena instantánea que nadie dictaminó, pero que todos ejecutaron.Ahí está la trampa de esta dilapidación social. Funciona sobre una tremenda asimetría: la acusación que es viral frente a la aclaración que es apenas un susurro. El trino que condena tiene 100.000 vistas, mientras que el que rectifica, 200. ¿Por qué? Porque el algoritmo premia la indignación, más no la corrección, porque la rabia tiene ‘rating’. La disculpa es aburridora. El acusador se siente invulnerable, porque sabe que, aunque su denuncia sea falsa, a él no le pasará nada. Basta con que el episodio produzca suficiente indignación para que la gente del común engorde la bola y multiplique el río. El linchamiento digital no tiene apelación, ni proporción, ni prescripción.¿Quién le paga a esa familia el impacto negativo sobre el negocio? ¿Quién le devuelve al extranjero de Bogotá su buen nombre? Nadie. La turba se disuelve sin rostro y sin costo, satisfecha de haber “hecho justicia”, y pasa al siguiente indignado del día. Ese es el detalle más perverso: el linchamiento es colectivo, pero la culpa no es de nadie. Diez mil personas aprietan el gatillo y ninguna se siente el asesino.¿Cómo protegemos entonces a las víctimas de la turba? ¿Cómo sentamos al acusador irresponsable frente a las consecuencias de su mentira? Porque estamos a nada de que esto deje de ser un accidente y se vuelva un arma cotidiana: campañas de desprestigio en colegios, en universidades, en trabajos, contra cualquiera que caiga mal. Un rumor, una foto fuera de contexto, y listo: sentencia sin juicio.Que la cámara vigile al poderoso: bienvenido sea. Pero la misma cámara que destapa al abusador también lincha al inocente, y la única diferencia entre la justicia y la turba es una palabra que estamos dejando de usar: prueba. La indignación no es prueba. Mil desconocidos gritando al tiempo no son un juicio. Y la sospecha, por más viral que se vuelva, jamás podrá ser una condena.DIEGO SANTOSAnalista digitalEn X: @DiegoASantos Sigue toda la información de Opinión en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal. BOLETINES EL TIEMPORegístrate en nuestros boletines y recibe noticias en tu correo según tus intereses. Mantente informado con lo que realmente te importa.EL TIEMPO GOOGLE NEWSSíguenos en GOOGLE NEWS. Mantente siempre actualizado con las últimas noticias coberturas historias y análisis directamente en Google News.EL TIEMPO WHATSAPPÚnete al canal de El Tiempo en WhatsApp para estar al día con las noticias más relevantes al momento.EL TIEMPO APPMantente informado con la app de EL TIEMPO. Recibe las últimas noticias coberturas historias y análisis directamente en tu dispositivo.SUSCRÍBETE AL DIGITALInformación confiable para ti. Suscríbete a EL TIEMPO y consulta de forma ilimitada nuestros contenidos periodísticos.
La indignación no es prueba
Mil desconocidos gritando al tiempo no son un juicio. Y la sospecha, por más viral que se vuelva, jamás podrá ser una condena.












