Las redes se llenan de perfiles que difunden bulos mientras acusan a la prensa de mentir
Uno de los gestos más poco saludables incorporados a nuestras vidas es mirar el teléfono antes de ir a dormir. Una especie de regalo, al acabar cualquier día agotador: dejarse arrastrar de reel en reel, de un vídeo de TikTok al siguiente, de un tuit a otro. “Pasa sobre todo cuando no tienes un buen libro que leer”, comparte un buen amigo, que está a un paso de eliminar todas las redes del móvil. Un reto en el que todos hemos fracasado alguna vez. Try again, fail again, fail better, decía Samuel Beckett. Pero lo cierto es que,
s://elpais.com/icon/2021-05-20/eudald-espluga-las-ideas-salidas-de-la-autoayuda-son-peligrosas.html" data-link-track-dtm="">como contó Eudald Espluga en su libro No seas tu mismo (Paidós), ser adicto a las redes no es una elección personal, sino el resultado de un capitalismo salvaje de plataformas. Recuperar nuestras vidas y nuestra atención no es una decisión individual, aunque a veces nos engañemos y pensemos que la libertad está a nuestro alcance.
En esas estaba, con mi atracón de redes sociales nocturno después de un día estresante más, cuando topé con un tuit que me hizo saltar de la cama. En resumen, explicaba que habían violado y matado a una joven de 14 años en Barcelona. Una barbaridad, acompañada de un sutil racismo enmascarado entre líneas: “¿Qué cojones está pasando en esta ciudad y qué cojones está pasando en toda Cataluña? Que no nos digan que eso antes ya pasaba”.






