La memoria de mi teléfono móvil acaba de sacarme tarjeta amarilla. Estoy llegando al límite de su capacidad de almacenamiento y no es por una sobredosis de recuerdos vacacionales sino de material recolectado en las redes sociales con formatos de desinformación de una abrumadora variedad. Los bulos y las mentiras diseminadas por el mundo digital hay que cazarlos al vuelo como si fueran insectos raros. A estas alturas he convertido mi teléfono móvil en una especie de cazamariposas de los tiempos modernos, con capturas de pantalla que documentan cada pedacito de manipulación. Son tantas imágenes que rivalizan en número con las fotos de la saga familiar, los paisajes del verano y todas las exquisiteces por las que purgaremos en el gimnasio cuando llegue septiembre. Cuando llegue septiembre, convendría también tener claro que la desinformación ya es masiva, una plaga. O una especie de alga invasora como las que amargan el verano de tantos bañistas. Una realidad que tendremos que conocer mejor para poder gestionarla en toda su extensión.
Hace algunos días Isabel Preysler se incorporó involuntariamente al festival de desinformación que se ha organizado en mi teléfono móvil. Los responsables de la página de Facebook Impacto de estrellas, seguida por 32.000 usuarios, se han inventado su muerte. “Hoy el funeral de Isabel Preysler se ha convertido en un bonito homenaje, lleno de flores y lágrimas” anuncia este falso medio. Más chocante que el titular resulta aún el montaje que han perpetrado para apoyar gráficamente la noticia: una fotografía de Preysler, convenientemente enmarcada, encabeza la comitiva fúnebre, con féretro y sacerdote incorporado, en el momento que abandona la iglesia. Entre los usuarios que no se creen la noticia, los que dudan de ella o los que caen en el engaño, son muchos los que acaban picando en el verdadero anzuelo: cliquear sobre el enlace que te lleva a una web externa que ofrece más información sobre la falsa difunta. Los responsables del bulo consiguen así activar el mecanismo por el que anuncios de marcas reales empiezan a mostrarse en la web fraudulenta y generan ingresos.






