Vida SaludableEste psic�logo reflexiona en Dormir para vivir por qu� cada vez dormirmos menos, peor y m�s tarde.Actualizado Lunes,
julio
00:01D. R.
Dormir es una actividad necesaria para repararnos en cuerpo y alma; es, adem�s, gratis, que no es poca cosa en los tiempos que corren; y para muchos supone tambi�n un placer insustituible. Pero, contra todo pron�stico, nadie duerme. Vivimos en la era del cansancio. Unos, asaltados por el insomnio, recurren a tisanas o pastillas para conciliar el sue�o. Otros se resisten al descanso como si durmiendo tirasen su tiempo por la ventana. Y hay quienes comienzan pegando ojo pero se desvelan en mitad de la noche por menopausias y andropausias varias.
En Dormir para vivir, el catedr�tico de Psicolog�a en la Universidad Complutense de Madrid Alfredo Rodr�guez-Mu�oz concluye que dormimos menos, peor y m�s tarde. Con �l analizamos por qu� es esencial el sue�o en la vida cotidiana y ponemos el foco en c�mo influye en la vida en pareja y en el terremoto que supone la llegada de un beb�.Nuestros ancestros dorm�an juntos, pero ahora nos repartimos por habitaciones. �Nos hemos desconectado de quienes fuimos?No dir�a tanto, pero s� hemos transformado profundamente la forma de dormir. Dorm�amos cerca de otros cuerpos porque hacerlo aumentaba las probabilidades de sobrevivir. Ese modelo empez� a cambiar especialmente durante la �poca victoriana. Dormir solo dej� de ser una necesidad para convertirse en un s�mbolo de estatus. Tener una habitaci�n propia, e incluso camas separadas, significaba disponer de espacio, riqueza y privacidad. Sin embargo, nuestro cerebro no evolucion� al mismo ritmo que nuestras casas. La arquitectura cambi� en apenas dos siglos; la biolog�a lleva cientos de miles de a�os escribi�ndose. Por eso, la presencia de una persona de confianza sigue reduciendo el estado de alerta y favoreciendo el descanso. Dormir con alguien es probablemente una de las mayores demostraciones de confianza que existen: implica aceptar la m�xima vulnerabilidad posible, cerrar los ojos durante horas, sabiendo que el otro no representa una amenaza. Ahora bien, tampoco conviene idealizar el pasado. La privacidad, la intimidad y la posibilidad de elegir c�mo dormir tambi�n son conquistas de la sociedad moderna. KAILAS EDITORIALLa luz el�ctrica empez� a entrar en las casas a finales del XIX. �Por qu� la falta de descanso se ha recrudecido tanto en los �ltimos a�os?La luz artificial fue solo el principio. La bombilla alarg� el d�a; internet y el smartphone hicieron desaparecer sus fronteras. Durante miles de a�os, la noche marcaba el final de la actividad. Hoy la noche se ha convertido en una prolongaci�n del d�a. Trabajamos, respondemos correos, vemos series, consultamos redes sociales o seguimos pensando en los problemas del trabajo. Cada notificaci�n, cada mensaje o cada v�deo le dice al cerebro que todav�a pasan cosas importantes y que no es momento de bajar la guardia. Creo que el gran cambio de las �ltimas d�cadas no es tecnol�gico, sino cultural. No hemos perdido la oscuridad; hemos perdido el final del d�a. Y cuando el d�a nunca termina, el sue�o siempre llega demasiado tarde.Dormir es san�simo y barato. �Por qu� nadie duerme?Sabemos que dormir es imoprtante, pero un tercio de los adultos no alcanza las horas recomendadas. El sue�o compite cada noche con el trabajo, las responsabilidades familiares, las pantallas, los horarios sociales y, sobre todo, con recompensas inmediatas.Y casi siempre pierde. Dormir mejora la memoria, el estado de �nimo o la salud cardiovascular... pero esos beneficios son diferidos. En cambio, terminar un informe, responder un mensaje o ver un cap�tulo m�s proporciona una recompensa instant�nea. Nuestro cerebro no est� dise�ado para ganar esa batalla todos los d�as. Adem�s, dormir poco todav�a se asocia con compromiso, esfuerzo o productividad. Es una paradoja, porque la evidencia cient�fica demuestra justo lo contrario: dormir bien no resta tiempo a la productividad, sino que la hace posible. Dice en el libro que "El amor no siempre duerme bien". Si dormir juntos es sin�nimo de confianza, �hay algo negativo en dormir en pareja?S�. Compartir cama puede favorecer el v�nculo, la intimidad, la sensaci�n de seguridad... y, al mismo tiempo, dificultar el descanso. Sabemos que muchas personas perciben que descansan mejor cuando duermen acompa�adas. Pero curiosamente, esa sensaci�n no siempre coincide con lo que registran los estudios: aunque objetivamente puedan producirse m�s movimientos o peque�os despertares, subjetivamente el sue�o suele vivirse como m�s reparador. El v�nculo emocional tambi�n forma parte de la experiencia de dormir. Ahora bien, compartir cama significa intentar armonizar dos biolog�as distintas. Ronquidos, diferencias de temperatura, horarios diferentes o los despertares provocados por los hijos pueden deteriorar la calidad del sue�o. La pareja comparte emociones; el sue�o, en cambio, sigue siendo un proceso profundamente individual. Por eso no existe una �nica forma correcta de dormir en pareja.�Dormir separados pone en peligro la intimidad sexual o la relaci�n? �Dormir juntos repara fisuras?Dormir separados no rompe una pareja; lo que suele deteriorarla es dormir mal durante mucho tiempo, porque una pareja agotada discute con m�s facilidad. Pero compartir cama es relevante: es uno de los pocos espacios donde muchas parejas hablan sin pantallas, se abrazan, hacen el amor, se reconcilian o simplemente comparten silencio. M�s que un lugar para dormir, muchas veces es un lugar para encontrarse. Dormir juntos no soluciona por s� solo los problemas de una relaci�n, pero s� puede favorecer esos momentos cotidianos que ayudan a mantener el v�nculo. Por eso plantear el debate como "dormir juntos o separados" es un falso dilema. Una buena pareja no se define por compartir colch�n todas las noches, sino por encontrar la manera de cuidar al mismo tiempo el descanso, el deseo y la relaci�n.�Dormimos diferente hombres y mujeres?S�. El ciclo menstrual, el embarazo, el posparto o la menopausia hacen que el sue�o de las mujeres sea vulnerable en algunas etapas. Adem�s, trastornos como el insomnio son m�s frecuentes en mujeres, mientras que los hombres presentan con mayor frecuencia problemas como la apnea del sue�o. Pero la biolog�a explica solo una parte de la historia. El sue�o de las mujeres suele estar expuesto a m�s interrupciones por un mayor n�mero de demandas, tanto f�sicas como emocionales y sociales. A lo largo de la vida, es m�s probable que asuman responsabilidades de cuidado de hijos o familiares, una mayor carga mental y una vigilancia m�s constante del entorno. D. R.Los adolescentes atraviesan el llamado retraso de fase de sue�o por lo que se duermen m�s tarde. �Les dejamos aunque el instituto empiece a las 8.30?El adolescente no trasnocha solo por rebeld�a. El desarrollo normal hace que su reloj biol�gico se desplace y el adolescente tiende de forma natural a dormirse y despertarse m�s tarde. Este cambio biol�gico choca frontalmente con la organizaci�n de nuestra sociedad. Mientras el cerebro del adolescente le empuja a acostarse m�s tarde, el instituto le obliga a levantarse m�s temprano. Si a esa combinaci�n a�adimos el uso del m�vil, las redes sociales o los videojuegos, tenemos la tormenta perfecta: un reloj biol�gico retrasado, un entorno que prolonga artificialmente la vigilia y un despertador que sigue sonando demasiado pronto. Ahora bien, comprender la biolog�a no significa renunciar a poner l�mites. Un adolescente no deber�a estar con el m�vil a las dos de la madrugada ni dormir con el tel�fono sobre la almohada, pero tampoco podemos pretender que tenga sue�o a las 10 de la noche. Entre ambos extremos hay un amplio margen para educar con sentido com�n. El colecho [dormir juntos en familia] para unos aporta apego seguro para los hijos; para otros es la tumba del descanso y de la intimidad. �En qu� quedamos?El problema es que hemos convertido el colecho en un debate ideol�gico, cuando deber�a ser un debate cient�fico y familiar. Desde una perspectiva evolutiva es l�gico que un reci�n nacido busque la proximidad de sus cuidadores. Durante cientos de miles de a�os, dormir cerca de los padres aumentaba sus posibilidades de supervivencia y facilitaba la lactancia. Esa necesidad de contacto forma parte de nuestra biolog�a. Pero de ah� no se deduce que exista una �nica forma correcta de dormir. Las familias de hoy no viven en las mismas condiciones que nuestros antepasados. Los horarios laborales, el espacio disponible, la salud mental de los padres, el tipo de alimentaci�n del beb� o la calidad del descanso de la pareja tambi�n forman parte de la ecuaci�n. La evidencia muestra que el colecho puede facilitar la lactancia y favorecer el v�nculo en algunas familias, mientras que en otras puede fragmentar el sue�o, aumentar el agotamiento o generar tensiones en la pareja. La pregunta no deber�a ser "�colecho s� o no?", sino: �esta forma de dormir permite que el beb� est� seguro y que toda la familia descanse razonablemente bien? El mayor error es convertir el colecho en un dogma. �C�mo es la brecha de g�nero en el sue�o de padres y madres con un beb�? �Biolog�a o cultura?Ambas, pero cuando llega un beb� la organizaci�n del cuidado pesa mucho m�s de lo que solemos admitir. Las madres sufren una p�rdida de sue�o mucho mayor durante el primer a�o de vida del beb�. Se ha estimado que una madre primeriza puede acumular alrededor de 700 horas menos de sue�o, el equivalente a casi un mes entero sin dormir. Los padres tambi�n ven alterado su descanso, pero, de media, recuperan antes la cantidad y la calidad de sue�o. Una parte de esa diferencia es inevitable: el embarazo, el parto o la lactancia tienen un impacto directo sobre el sue�o materno. Pero otra parte responde a decisiones familiares y sociales. En muchas casas, incluso cuando ambos progenitores trabajan, sigue siendo la madre quien asume la mayor parte de los despertares. Durante el d�a podemos hablar mucho sobre corresponsabilidad, pero es a las tres de la ma�ana, cuando un beb� llora, donde realmente vemos c�mo se reparte el cuidado. �C�mo dormimos los espa�oles frente a otros pa�ses?Espa�a no es necesariamente el pa�s que menos duerme del mundo, pero s� se encuentra entre los pa�ses europeos que menos horas duermen y, sobre todo, entre los que m�s tarde viven. Los horarios laborales, las comidas, la vida social, la televisi�n, etc. moldean la forma en que dormimos. Incluso comparados con otros pa�ses mediterr�neos, como Italia, los espa�oles solemos acostarnos m�s tarde y dormir menos. Cenamos tarde, el prime time televisivo acaba tarde, muchas actividades se prolongan y los ni�os tambi�n suelen acostarse m�s tarde que en Europa. Pero luego el despertador suena a una hora muy parecida. Ah� aparece el d�ficit. Vivimos en una especie de jet lag social permanente: nuestro reloj biol�gico pide dormir antes, mientras que nuestro reloj social nos empuja a estar despiertos. Espa�a no duerme poco porque no sepa dormir; duerme poco porque vive tarde.Dormir para vivirAlfredo Rodr�guez-Mu�ozKailas Editorial. 216 p�gs. Puedes comprarlo aqu�AdolescentesRelaciones pareja










