El autor del ensayo ‘Dormir para vivir’ critica el desprecio al descanso como si fuese una pérdida de tiempo. “Parte del negocio de algunas tecnológicas radica en que durmamos menos”, denuncia
“El sueño sigue siendo nuestro sistema más sofisticado de reparación. Negárselo al organismo es como pedirle a un motor que funcione sin apagarlo jamás: puede hacerlo un tiempo, pero acabará fallando”, escribe Alfredo Rodríguez-Muñoz (Madrid, 46 años), catedrático de Psicología en la Universidad Complutense de Madrid. Lo hace en las páginas de su libro Dormir para vivir (Kailas, 2026), un ensayo divulgativo en el que el experto en sueño, bienestar y salud laboral reivindica el sueño y el descanso. Señala que la cultura actual empuja a la hiperconexión y la hiperproductividad y...
decir que uno está cansado ―a modo de distopía del agotamiento― se ha convertido en una especie de símbolo de estatus, de “nueva medalla” que lucir en el pecho con orgullo.
Esa medalla, según los últimos datos de la Sociedad Española de Neurología, la lucen ya la mayoría de los adultos españoles: el 54% duerme menos horas de las recomendadas. A la par, sin embargo, florece una industria boyante: fármacos y complementos nutricionales para dormir mejor, hoteles que venden experiencias de descanso, colchones inteligentes, smartwatches, aplicaciones móviles para evaluar el descanso. El sueño parece haberse convertido en uno de esos barrios de las grandes ciudades que primero se devalúan para luego hacer negocio con ellos. “La idea es que yo te quito el sueño y luego te vendo la almohada. Lo que pasa es que todo esto no son soluciones, solo son parches”, defiende el experto.






