Cansadas de la hiperproductividad, del “puedes con todo” y de medir el valor en horas trabajadas, miles de personas están encontrando en el descanso un acto de rebeldía

“No me da la vida” es una de las frases más repetidas para cancelar cafés con amigas. La frustración por querer llegar a todo y la necesidad de frenar derivan en un agotamiento silencioso del que habla Ana Morales en su libro

442276?srsltid=AfmBOoq_-I6nZP4seDgyaTGyr1tJkV2fDCMkzGNgqkolmZccHppnb9eW" data-link-track-dtm="">Estado civil: cansada (Roca editorial, 2026). “Desconectar es un desafío cada vez mayor. Este mundo hiperconectado nos mantiene en alerta y hace que nuestro cerebro, ya de por sí con una mayor tendencia a pensamientos rumiativos y overthinking constante, sea una especie de centrifugadora mental desde que nos levantamos hasta que nos acostamos”.

La periodista de Vogue habla de mujeres que no quieren ser capaces de todo, que no quieren poder con todo, que lo único que necesitan es frenar. No es por pereza, es una cuestión de supervivencia. Descansar se ha convertido en la ambición más radical para una generación entera. “El haber normalizado el cansancio como estilo de vida nos ha llevado a creer que poco podemos hacer al respecto. Y precisamente lo que he querido abordar en el libro con expertos y expertas de diferentes ámbitos del bienestar, son las posibilidades que tenemos para cambiar,” apunta Morales.