Existen ciudades y pueblos donde el automóvil ha sido excluido, creando entornos urbanos diseñados exclusivamente para peatones y transportes no motorizados En un mundo dominado por el rugido de los motores, el humo del escape y el estrés del tráfico urbano, existe un puñado de rincones en el planeta que parecen haber detenido el tiempo. Son los pueblos y ciudades sin autos, verdaderos oasis peatonales donde las calles no pertenecen a las máquinas, sino a las personas.Ya sea por capricho de su geografía —como laberintos medievales, canales de agua o escarpadas montañas— o por una estricta decisión ecológica y cultural, estas comunidades han decidido desterrar al automóvil de su vida cotidiana. En estos lugares, el paisaje sonoro cambia drásticamente: las bocinas y el tránsito son reemplazados por el murmullo de las conversaciones, el andar de los caballos, el pedaleo de las bicicletas o el suave chapoteo de los remos.PUBLICIDADVivir sin autos suena como una utopía romántica, pero también plantea un desafío logístico fascinante. ¿Cómo se hace una mudanza? ¿Cómo llega la ambulancia en una emergencia? ¿Cómo se abastece un supermercado? Explorar estos lugares es asomarse a una forma de vida alternativa que nos demuestra que, incluso en el siglo XXI, es posible prosperar a un ritmo mucho más humano.La ciudad funciona sin automóviles gracias a sus canales y puentes, donde el transporte público lo realizan vaporettos y embarcaciones adaptadas para emergencias EFE/ Antonello Nusca