Mientras Estados Unidos celebra este sábado su histórico 250º aniversario de la Independencia, la Gran Mosalla de Teherán se ha transformado en el epicentro de la rabia antiestadounidense con la llegada de cientos de miles de personas para el último adiós a Alí Jamenei. El líder supremo iraní, fallecido el pasado 28 de febrero en un ataque combinado ejecutado por Washington y Tel Aviv, recibe un homenaje multitudinario que choca de lleno con las celebraciones del 4 de julio al otro lado del Atlántico. En lugar de celebraciones festivas, la enorme explanada de la mezquita de la capital se ha llenado de llantos, golpes de pecho y clamores de venganza masivos. El habitual grito de "muerte a Estados Unidos e Israel" ha resonado con especial rabia en una jornada cargada de simbolismo geopolítico, presidida además por una gigantesca pancarta roja con el lema "Kill Trump" (Matar a Trump), dirigida contra el presidente estadounidense en el día grande de su nación. Una pancarta en la que se pide matar al presidente de EE. UU., Donald Trump, durante los funerales del asesinado líder supremo de Irán, Alí Jameneí, en la mezquita Mosala de Teherán. (EFE/Jaime León) Para la multitud de fieles congregada, el hecho de que su líder muriera a manos de las fuerzas estadounidenses convierte esta fecha en un catalizador de indignación. “Aún no puedo creer su muerte, es como si hubiera perdido a mi padre”, lamentaba Mehdi, un ciudadano de 51 años, reflejando el sentir de una población que utiliza este aniversario norteamericano para blindar su unidad interna y jurar que apoyarán con firmeza a su sucesor, su hijo Mojtaba. A la entrada de la mezquita, un podio exhibe el ataúd de Jamenei en la cima de una pirámide de cubos de metacrilato. En los niveles inferiores reposan también los cuerpos de cuatro de sus familiares —incluida su nieta de apenas 14 meses— asesinados junto a él en el bombardeo sobre Teherán, un trágico recordatorio que ha transformado el hito histórico de la potencia estadounidense en la jornada de mayor luto para la República Islámica. La ceremonia comenzó alrededor de las 06.00, hora local, con el himno nacional. Los asistentes han ido accediendo con banderas, retratos de Jamenei y fotografías de su hijo Mojtaba, designado sucesor como líder supremo y aún sin aparición pública, entre conjeturas sobre la gravedad de las heridas que habría sufrido en los ataques. Un maratón de funerales y seguridad máxima Las autoridades han diseñado un maratón de funerales de seis días que arrancó el viernes con la recepción de delegaciones extranjeras (incluyendo mandatarios de Irak, Pakistán y representantes de Rusia y China). Tras el acto central del lunes en Teherán —para el que se anticipa una asistencia que podría rondar los 20 millones de personas, superando el récord histórico de los funerales de Jomeiní en 1989—, el féretro será conducido el martes a Qom y el miércoles a Irak. Una mujer se muestra conmovida mientras sostiene un retrato del difunto líder supremo, el ayatolá Alí Jameneí, durante la ceremonia de despedida pública en la gran mezquita Mosala de Teherán. (Reuters/Mohammed Salem) Posteriormente, regresará a Mashhad, su ciudad natal y enclave sagrado, donde quedará enterrado en el santuario del imán Reza. Mientras tanto, la capital iraní se encuentra en estado de máxima alerta: hay una fuerte presencia policial, los vuelos sobre Teherán están limitados y se ha blindado un perímetro de seguridad de un kilómetro y medio en torno a Mosala. Para mitigar las altas temperaturas entre la multitud, se han desplegado sistemas de nebulización que funcionarán sin descanso hasta la multitudinaria procesión del lunes. La República Islámica busca con estos actos reivindicar su fuerza y mostrar unidad nacional y continuidad tras meses de guerra. Varios ciudadanos iraníes rinden homenaje al difunto líder supremo, el ayatolá Alí Jameneí, durante una ceremonia de despedida previa a su funeral en la gran mezquita Mosala de Teherán. (EFE-EPA/Abedin Taherkenareh) En este sentido, el presidente de Irán, Masud Pezeshkian, instó a la ciudadanía a demostrar “lealtad” con una participación “histórica”. “El martirio del gran líder de Irán ha sumido en un profundo dolor a todo nuestro pueblo”, expresó, insistiendo en que la desaparición de Jamenei “no es el final del camino, sino el inicio de un nuevo capítulo de solidaridad para una nación que avanza hacia el mañana más unida”. Relevo en la Guardia Revolucionaria y tensión en Ormuz En paralelo a los actos fúnebres, el régimen sigue reestructurando su cúpula militar tras la guerra. Irán ha nombrado este sábado al almirante Alí Ozmaei como nuevo comandante de la Armada de la Guardia Revolucionaria, el cuerpo de élite encargado de mantener el control del estratégico estrecho de Ormuz. Ozmaei sustituye a Alireza Tangsiri, fallecido en marzo en un ataque aéreo de la coalición estadounidense-israelí y a quien Tel Aviv acusaba de haber orquestado el cierre de este paso marítimo clave. En su primer mensaje oficial, Ozmaei no ha rebajado el tono y ha advertido de que la "venganza divina" contra Washington y Tel Aviv "no está lejos". Un grupo de mujeres iraníes llora durante la ceremonia de despedida del difunto líder supremo, el ayatolá Alí Jameneí, en la gran mezquita Mosala de Teherán (Irán). (EFE-EPA/Abedin Taherkenareh) Aunque Irán anunció la reapertura del tráfico marítimo en Ormuz como parte del memorando de entendimiento firmado con EEUU para detener la guerra, Teherán sigue exigiendo que los buques soliciten permiso para transitar. Esta exigencia ha provocado nuevos choques y bombardeos en las últimas semanas, obligando a ambas partes a mantener negociaciones indirectas en Catar en los últimos días para intentar salvar los acuerdos de paz. Mientras Estados Unidos celebra este sábado su histórico 250º aniversario de la Independencia, la Gran Mosalla de Teherán se ha transformado en el epicentro de la rabia antiestadounidense con la llegada de cientos de miles de personas para el último adiós a Alí Jamenei. El líder supremo iraní, fallecido el pasado 28 de febrero en un ataque combinado ejecutado por Washington y Tel Aviv, recibe un homenaje multitudinario que choca de lleno con las celebraciones del 4 de julio al otro lado del Atlántico.