Una multitud inmensa de iraníes leales a la república islámica se congregó ayer en Teherán para el inicio de las maratónicas ceremonias fúnebres del líder supremo Alí Jamenei, con las que las autoridades buscaban enviar un mensaje de desafío tras la guerra con EE.UU. e Israel. Jamenei, que gobernó Irán desde 1989 manteniendo una línea de confrontación con Occidente, mientras reprimía la disidencia en el país, murió a los 86 años junto con varios miembros de su familia y altos funcionarios en un bombardeo israelí el primer día de la guerra, el 28 de febrero. Vestidos de negro y ondeando banderas de color rojo sangre, consideradas un llamado a la venganza y la justicia en el islam chiíta, los fieles islámicos se congregaron en el complejo religioso de la Gran Mosalla de la capital iraní, donde yace el cuerpo del líder en capilla ardiente.

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Sin embargo, seguía sin haber rastro de su hijo y sucesor, Mojtaba Jamenei, a quien no se ha visto en público desde que fue nombrado líder supremo. Otros altos funcionarios iraníes que sobrevivieron a la guerra dieron la bienvenida a los dignatarios extranjeros que presentaron sus respetos ante el ataúd el viernes, antes de que el complejo abriera sus puertas al público. Para mantenerse frescos ante las temperaturas que rozaban los 40 °C en Teherán, miles de mujeres y hombres, estrictamente separados por género, llenaron el vasto complejo. Se golpeaban el pecho en señal de dolor, bajo la atenta mirada de un retrato gigante del antiguo líder. El ataúd de Jamenei, con su turbante negro encima, y el de otros cuatro miembros de la familia fueron colocados en la parte delantera sobre una tarima elevada. Los cánticos de “muerte a América” y “venganza, venganza” resonaron en todo el recinto. Las autoridades creen que las ceremonias movilizarán a más de 10 millones de personas solo en la capital. Tregua bélica. Tras cinco semanas de intensas hostilidades, la guerra en Oriente Medio se encuentra en pausa después de un alto el fuego y un acuerdo inicial con Estados Unidos. Sin embargo, tanto Washington como Teherán han advertido que están dispuestos a reanudar los combates en cualquier momento. El asesinato de Jamenei, tras más de tres décadas y media en el poder, dio paso a una nueva era en la república islámica marcada por la incertidumbre. Fuera de Irán, su funeral se considera una prueba de apoyo al gobierno, cuyas autoridades ya se encuentran conmocionadas por las protestas masivas de enero que, según grupos de derechos humanos, fueron sofocadas con una represión que dejó miles de muertos. Las ceremonias fúnebres tendrán lugar durante tres días en Teherán, antes de que el féretro sea trasladado el martes a la ciudad clerical de Qom. El miércoles se lo llevará al vecino Irak, para finalmente ser enterradas el jueves en Mashhad, ciudad natal de Jamenei en el noreste del país. Llamado a la venganza. La multitud coreaba en forma continua consignas contra Estados Unidos e Israel, y exigía la venganza de su líder supremo. El propio gobierno incentivó este sentimiento popular. Mohammad Bagher Ghalibaf, presidente del Parlamento iraní y principal negociador en las conversaciones de paz con Washington, se mostró visiblemente emocionado cuando Ahmad Vahidi, nombrado recientemente jefe de la poderosa Guardia Revolucionaria, hizo su primera aparición pública. “El clamor de venganza de la nación debe resonar en los oídos del mundo entero”, dijo Ghalibaf, e instó a los iraníes a salir a las calles en masa. Bajo el mandato de Jamenei, Teherán brindó apoyo durante años a grupos armados de la región, incluidos Hamas palestino y Hezbollah libanés. Según informaron los medios estatales, delegaciones de ambos grupos se reunieron el sábado con el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, durante su estancia en la ciudad para las ceremonias fúnebres. La delegación de Hezbollah estuvo encabezada por el alto funcionario y exministro Mohammed Fneish, mientras que Hamas dijo estar representado, entre otros, por el jefe de su buró político, Mohammed Darwish. En los próximos días se seguirá de cerca la aparición de Mojtaba Jamenei, quien solo se ha comunicado mediante declaraciones escritas y, según se dice, resultó herido en los mismos ataques, aunque nunca se explicó su estado de salud. Para este gigantesco funeral se impusieron importantes medidas de seguridad, con rutas bloqueadas y un enorme despliegue de seguridad en el evento público de mayor envergadura en Irán desde el entierro del predecesor de Jamenei, Ruhollah Khomeini, en 1989. Mientras los fieles islámicos participan masivamente, hay otros iraníes, de carácter opositor, que se repliegan en sus hogares y evitan salir en este momento de tanta crispación.