La República Islámica blinda su capital para evitar ataques durante las ceremonias como el que mató al mandatario el 28 de febrero
Irán ha dado comienzo este viernes a una semana de exequias por Ali Jameneí, líder supremo del país durante casi 37 años hasta su muerte, un funeral que se ha pospuesto durante cuatro meses a causa de la guerra desatada por Donald Trump y Benjamín Netanyahu. Las autoridades iraníes calculan que hasta 20 millones de personas pueden participar en unas honras fúnebres que esperan que den un espaldarazo a su legitimidad, tanto a escala internacional como frente a la base de apoyo que conserva entre la población iraní.
Un importante líder religioso iraní, el ayatolá Mohammad Saidi, incluso ha equiparado una asistencia multitudinaria a los fastos con una especie de plebiscito al sistema político del país. Antes de la guerra con Israel y Estados Unidos, la República Islámica afrontaba sus horas más bajas a causa de la represión de las protestas antigubernamentales de enero que provocó miles de muertos. Al menos 7.000 iraníes murieron en esas manifestaciones sofocadas incluso con ametralladoras pesadas, según organizaciones de derechos humanos iraníes en el exilio.










