Irán inició ayer los preparativos para el multitudinario funeral de Estado que recibirá el líder supremo Alí Jamenei, asesinado en un bombardeo de EE.UU. e Israel contra su residencia el 28 de febrero, en el primer día de la guerra entre ambos bandos. Cuatro meses después, y con una tregua todavía frágil, Teherán se dispone a despedirlo con las exequias más grandes de la historia de la República Islámica. Se esperan entre 15 y 20 millones de personas para el homenaje que comienza este sábado y que actuará como una suerte de referéndum del régimen tanto a escala nacional como internacional. El cuerpo de Jamenei fue expuesto por primera vez la noche del jueves en una ceremonia reservada para familiares de los fallecidos en la guerra. El recinto elegido es la mezquita Gran Mosalá en Teherán, acondicionada para recibir a los dolientes. Sus paredes están cubiertas con grandes imágenes del líder que estuvo 36 años en el poder, junto a banderas negras, en señal de luto, y rojas como símbolo del martirio y la venganza. “Tu nombre permanecerá eterno en esta tierra de oro”, proclama una pancarta.
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