Actualizado S�bado,
julio
17:24Ir�n ha convertido el funeral del ayatol� Al� Jamenei en una demostraci�n de fuerza hacia dentro y hacia fuera. Mientras Estados Unidos celebra este fin de semana el 250 aniversario de su independencia, decenas de miles de iran�es han abarrotado el gran complejo de oraci�n Imam Jomeini de Teher�n para despedir al l�der supremo asesinado al comienzo de la guerra con Estados Unidos e Israel entre gritos de �Muerte a Estados Unidos�. La coincidencia en el calendario no responde a una convocatoria pol�tica expl�cita, pero s� dota de un enorme simbolismo a dos relatos nacionales enfrentados apenas unas semanas despu�s del conflicto.La Rep�blica Isl�mica pretende proyectar la imagen de un r�gimen que ha sobrevivido a la guerra, mantiene intacta su estructura de poder y conserva capacidad para movilizar a la poblaci�n pese al golpe sufrido con la muerte de su m�xima autoridad pol�tica y religiosa. M�s que un funeral, las autoridades iran�es han organizado una semana de ceremonias concebidas como una demostraci�n de continuidad del Estado y de cohesi�n nacional.? DIRECTO | Funeral de JameneiVestidos de negro y envueltos en banderas de la Rep�blica Isl�mica, los asistentes portaban retratos de Jamenei y de su hijo y sucesor, Mojtaba. Todav�a no se ha visto en p�blico nuevo l�der supremo, de quien distintas informaciones aseguran que result� herido en el ataque que acab� con la vida de su padre.Tras permanecer un d�a en capilla ardiente para que dirigentes iran�es y autoridades extranjeras pudieran despedirse de �l, el f�retro de Jamenei fue expuesto este s�bado al aire libre, protegido por una urna de cristal, junto a los de su hija, su yerno, su nuera y su nieta de 14 meses, tambi�n fallecidos durante la guerra.Los asistentes fueron llenando el inmenso patio de la Gran Musalla del Im�n Jomeini entre golpes en el pecho, lamentos y banderas de la Rep�blica Isl�mica. Muchas mujeres, vestidas con chador negro, llevaban viseras blancas o paraguas para protegerse del intenso sol de media ma�ana.Miles de iran�es despiden al ayatol� Ali Jamenei en el Gran Mosala de Teher�n entre gritos de ��Venganza!�.AFP��Llorad!�, animaba un maestro de ceremonias a trav�s de los altavoces. Poco despu�s, miles de voces respondieron con uno de los lemas m�s repetidos desde la revoluci�n isl�mica de 1979: �Muerte a Estados Unidos�.�Todos los que estamos aqu� hemos venido a vengar la sangre de nuestro l�der supremo�, asegur� a Reuters Arash Rahimi, de 40 a�os. �Como ha dicho nuestro l�der, tenemos una deuda de sangre con Estados Unidos. Nunca tendremos buenas relaciones con ellos�.La legitimidad del martirioLa muerte de Jamenei ofrece adem�s al r�gimen uno de los elementos de mayor carga simb�lica dentro del chiismo: el martirio. En la tradici�n religiosa que sustenta la Rep�blica Isl�mica, el sacrificio violento de un l�der conecta con la figura del im�n Husein, nieto del profeta Mahoma, muerto en la batalla de Kerbala en el siglo VII, episodio fundacional de la identidad chi�.En el sistema pol�tico iran�, Jamenei no era �nicamente el jefe del Estado y m�ximo dirigente de la revoluci�n isl�mica. Tambi�n ejerc�a como representante en la Tierra del �ltimo im�n del islam chi�, una figura sagrada desaparecida en el siglo IX cuya vuelta marcar�a, seg�n la tradici�n, el fin de los tiempos. Su muerte a manos del enemigo alimenta as� uno de los pilares ideol�gicos sobre los que se ha construido la Rep�blica Isl�mica durante m�s de cuatro d�cadas.El funeral llega adem�s en un momento especialmente delicado. Aunque la guerra ha terminado con un alto el fuego negociado con Washington, el r�gimen necesita demostrar que el asesinato de Jamenei no ha abierto una crisis sucesoria ni ha debilitado su control sobre el pa�s.Las autoridades sostienen que el acuerdo alcanzado con Estados Unidos permitir� desbloquear miles de millones de d�lares en activos iran�es congelados en el extranjero y aliviar parte de las sanciones financieras que hab�an asfixiado la econom�a. Teher�n presenta ese pacto como una victoria pol�tica tras haber resistido el ataque conjunto de Estados Unidos e Israel.El f�retro del ayatol� Ali Jamenei llega al Gran Mosala de Teher�n para el inicio de los funerales de Estado.Vahid SalemiAP PhotoDurante la guerra murieron m�s de 3.000 personas, entre ellas buena parte de la c�pula pol�tica y militar iran�. Bases militares e infraestructuras estrat�gicas quedaron destruidas y los da�os se cuentan por miles de millones de d�lares. Sin embargo, Ir�n logr� responder atacando bases estadounidenses en la regi�n, presion� a varios pa�ses del Golfo que las albergan y reafirm� su capacidad para controlar el estrecho de Ormuz, provocando una fuerte subida del precio mundial del petr�leo.Un pa�s en silencioM�s dif�cil resulta medir el verdadero respaldo social del r�gimen. Apenas unas semanas antes de la guerra, cientos de miles de iran�es se manifestaban contra las autoridades en protestas que fueron reprimidas con extrema violencia y dejaron miles de muertos. Desde el inicio de los bombardeos estadounidenses e israel�es, sin embargo, pr�cticamente han desaparecido las muestras p�blicas de oposici�n.Entre la multitud congregada en Teher�n tambi�n hab�a quien apostaba por un tono m�s pragm�tico. �Estados Unidos quiere determinadas cosas. Nosotros deber�amos ceder en algunas, porque, si no, seguir�n haciendo estallar a nuestros dirigentes�, afirm� Fattah Bayaz, de 63 a�os.Las ceremonias continuar�n durante toda la pr�xima semana. Tras una gran procesi�n prevista para el lunes en el centro de Teher�n, los restos de Jamenei ser�n trasladados a Qom, principal centro del clero chi� iran�. Posteriormente viajar�n a las ciudades santas iraqu�es de Nayaf y Kerbala antes de regresar a Mashhad, donde el l�der supremo ser� enterrado junto a la tumba de uno de los grandes imanes del chiismo.M�s all� del duelo, el r�gimen persigue un objetivo mucho m�s amplio: convencer a los iran�es, a sus aliados regionales y a sus enemigos de que la muerte de Al� Jamenei no supone el principio del fin de la Rep�blica Isl�mica, sino una nueva demostraci�n de su capacidad de resistencia. La multitud movilizada estos d�as constituye el primer gran mensaje de esa nueva etapa.










