Cincuenta años atrás, en la zona más elegante del barrio porteño de Belgrano, la Iglesia Católica sufrió la peor matanza en sus más de cuatrocientos años en territorio argentino. Aquel domingo 4 de julio de 1976 a la madrugada cinco personas irrumpieron en la casa de los palotinos, en la calle Estomba 1942, a la vuelta de la parroquia de San Patricio, hicieron arrodillar a tres curas y dos seminaristas en el living del primer piso, les ataron las manos, les vendaron los ojos y los acribillaron con veintiocho disparos en la cabeza y el tórax que partieron de cuatro pistolas Browning y una pistola ametralladora. Antes de irse, los asesinos pintaron en la puerta del living: “Por los camaradas dinamitados de Seguridad Federal. Viva la Patria”, y en la alfombra colorada del pasillo: “Estos zurdos murieron por ser adoctrinadores de mentes vírgenes y son MSTM”, en alusión al Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo. Además, arrancaron de una de las habitaciones un poster de Mafalda que, señalando la cachiporra de un policía, comentaba: “¿Ven? Éste es el palito de abollar ideologías”, y lo arrojaron sobre el cuerpo de Salvador Barbeito, uno de los seminaristas. La “Masacre de San Patricio”, como se conoció luego a esa matanza, fue una venganza por la voladura dos días antes del comedor de la Superintendencia de Seguridad Federal, una dependencia policial ubicada en la calle Moreno al 1400, en el centro de la ciudad de Buenos Aires, reivindicada por el grupo guerrillero Montoneros, que mató a veintitrés personas e hirió a otras ciento diez.