Algunas noches, Carla Antonelli (Güímar, Tenerife, 66 años) se acuesta y se pone triste. Es cuando piensa en los bulos, discursos e insultos contra las personas trans, en el centro, por ejemplo, de las políticas de Donald Trump, o en el argumentario anti-LGTBIQ+ de los partidos de ultraderecha. Se pregunta por qué, se frustra. Después amanece, toma un café y “vuelve la bestia”. La senadora en las Cortes Generales por Más Madrid y diputada en la Asamblea regional recibe a EL PAÍS en una de las salas del Senado el viernes por la mañana. Lleva una pulsera con la bandera trans en la muñeca y mira el tiempo que hará este sábado por la tarde: 36 grados. Irá a la manifestación ―“porque es una manifestación”, remarca― del Orgullo en la capital. Antonelli, exdiputada del PSOE, habla durante una hora de los derechos conquistados, de quién, según ella, se aprovecha de ellos y de lo fácil que sería perderlos. Pregunta. Este año se ha nombrado a España el mejor país de Europa para las personas LGTBIQ+. Respuesta. Los avances son innegables. Uno de los puntos es cómo se ha plantado cara desde este gobierno de coalición a los intentos de involución. Pero vemos que la ultraderecha avanza por un sitio y por otro. Y los anuncios que descaradamente están haciendo en España. Y entre el Partido Popular y Vox ya no se sabe muy bien dónde comienza uno y dónde termina otro. Y la más a la derecha de todos, siempre a la derecha, Isabel Díaz Ayuso [presidenta de la Comunidad de Madrid], que inició este proceso involutivo cuando quiso retrotraer derechos LGTBIQ+ ya conseguidos [por la reforma de las leyes trans y LGBTI autonómicas].P. ¿Es fácil dar marcha atrás? R. Es igual de fácil que lo que tarda en activarse algo cuando aprietas un botón. La realidad y el presente nos lo están diciendo, pero el pasado y la historia también. Este país vivió una guerra civil tras un golpe de Estado, y de la noche a la mañana, todos aquellos avances de la Segunda República se fueron.P. ¿Y ahora? R. Trump lo intentó durante su primera legislatura y lo hizo a lo grande en la segunda. Rodeado de mujeres y niñas, rubias todas, anunció que sacaba a las mujeres trans de las competiciones deportivas. Nos utiliza como chivos expiatorios. Yo no quiero ser protagonista de esto, de la persecución, el señalamiento, el acoso y derribo de las vidas de las personas trans. ¿Y realmente alguien piensa que Trump llegó a la política para esto? No, esto es publicidad.P. Le preocupa el gobierno de Trump en Estados Unidos. ¿Y en España? R. Digo Trump como puedo decir Santiago Abascal, como puedo decir Partido Popular. Volvemos a las mismas. El PP, al igual que Vox, ha recurrido la ley trans en el Tribunal Constitucional. Han hecho bandera de esto. Quien quiera entender, que entienda. Es muy fácil para los que llegan a mantel servido de los derechos conseguidos. Es como el típico gorrón o gorrona al que le invitan a la cena de Nochebuena, se come todo, se va y no ayuda ni a fregar los platos. Y encima se permite criticar cómo estaban los canapés. ¿Dónde estaban los que dicen “soy maricón y soy del PP y estoy muy orgulloso” cuando se aprobó el matrimonio igualitario [por las palabras de Jaime de los Santos, diputado nacional y secretario de Educación e Igualdad del PP, la semana pasada]? ¿Dónde estaban cuando el Partido Popular puso un recurso en el constitucional a esta ley? ¿Salieron a defenderlo?P. La semana pasada se aprobó castigar con hasta dos años de cárcel las falsas terapias de conversión. Vox votó en contra y el PP se abstuvo. R. El Partido Popular va como pollo sin cabeza y lo único que quiere es llamar la atención y estar en una especie de rivalidad perpetua con Vox. Lo hemos visto con la ley de nietos. Lo que pasa es que la hemeroteca es muy jodida y luego tienen que dar un paso para atrás. Están haciendo oposición a la contra de todo lo que sale, aunque se contradigan.P. Juan Moreno (PP) acaba de pactar un gobierno de coalición con Vox en Andalucía, el tercer pacto autonómico entre ambos partidos de los últimos meses. R. El PP no ganará por sí solo las elecciones. Cuando empezó a competir con la ultraderecha y perdió su marca identitaria, democrática, fue con el lleno de Vox de Vista Alegre. Ahí empezó a ver quién era más. Aquel Partido Popular de políticas de derechas, con las que podías estar absolutamente en contra, no tenía para nada esa radicalidad. P. En una tribuna el año pasado dijo que estaba frustrada y triste por el “odio imperial” hacia las personas trans. ¿Se sigue sintiendo así?R. Esa sensación la tengo cuando cae la noche. Imagino que la podemos tener muchas personas trans. Nos preguntamos: “¿Por qué?”. Pero en mí siempre amanece un nuevo día. Cuando me despierto y abro los ojos, después de tomarme el café, se inicia de nuevo el ciclo. Vuelve la bestia, vuelve la de la energía inagotable. P. “No vamos a volver a los márgenes”, dijo durante el debate para derogar la ley trans autonómica en 2025. R. Exploté. Fue el basta ya. ¿Por qué se preocupan por nuestras vidas? Que si no tenemos orgasmos, que si estamos operadas, que si no estamos operadas. Por amor de Dios, ¿por qué estamos viviendo eso? No encontramos explicación lógica de por qué esta persecución.P: ¿Qué explicación le da usted? R: Que somos una cortina de humo para tapar sus miserias, que quieren desmantelar la sanidad pública, que se quieren llevar por medio de la educación pública, que están despidiendo, por ejemplo, en Estados Unidos, a cientos de miles de trabajadores. Somos un comodín, los muñequitos del pin, pam, pum. Pasó con Carmen Calvo [vicepresidenta del Gobierno entre 2018 y 2021, se opuso a la ley trans, aprobada definitivamente en 2023]. P. ¿Ha vuelto a hablar con Carmen Calvo? R. Jamás volveré a hablar con ella. No tengo nada que hablar con una persona que fue capaz de vender su alma al diablo por intereses, porque pensaba que le robaban la bandera del feminismo. P. En otoño de 2022 dejó el PSOE, tras los retrasos en la aprobación de la ley trans. ¿Se ha arrepentido en algún momento?R. Nunca. Las cosas se hacen con conciencia de lo que estás haciendo. La gente pensó que había sido un día muy doloroso para mí. Sentí liberación, como si yo llevara una gran rueda de molino en mi espalda, se me cayera y me relajara. Cuando hago eso, lo hago desde el inmenso dolor que me propicia todo aquello. En esta vida, más por suerte que por desgracia, soy de las firmes convencidas de que todo es para mejor. P: El otro día acudió al pregón del Orgullo de Madrid, ¿qué le parece la campaña del Ayuntamiento de este año?R: Una mierda. Hay intención para que el cartel no sea activista. Para la derecha, el activismo no es bueno porque les critica. Entonces el cartel se convierte en una campaña promocional de Madrid. Cuando dejas de lado el activismo, que es lo que ha traído los derechos a este país, y lo conviertes en unas sillas apiladas, hay una intención de que de ninguna de las maneras sea un orgullo que refleje la realidad de las siglas. P. La bandera LGTBIQ+ no se cuelga en Cibeles desde hace varios años. R. De lo que no se habla, no existe. Si no visibilizas algo, es porque quieres estar con Dios y con el diablo. Y no se puede estar al mismo tiempo con ambos. Quieren ponerse de perfil con esa parte ultra que está en contra. Lo han intentado y es un goteo de señalar y estigmatizar al colectivo. Demuestra la situación actual en la que estamos. P. ¿Cómo ve las elecciones de 2027? R. Me preocupan, porque si no, no tendría sangre en las venas. Tenemos que trabajar al pie del cañón para evitar que el país pase a estar gobernado por la ultraderecha. Desde el momento en que el Partido Popular necesite de VOX, se pondrá de rodillas ante sus peticiones. Y sus peticiones son: prioridad nacional, LGTBIfobia, xenofobia. Cerrarán el pacto, ese gobierno se hará y España vivirá uno de los tiempos más oscuros. Pero también me motivan. Desgraciadamente, a lo largo de la historia, a veces ha sido necesario caer para volverse a levantar.