Filóloga, activista trans y diputada en la Asamblea de Madrid. Jimena González (Cáceres, 1987) entró en política, después de bucear en el mundo de la investigación y la docencia, en 2019, de la mano de Ahora Madrid. Cuatro años después, en las autonómicas de 2023, González obtenía su acta de diputada en tierras madrileñas como una de las 27 voces de Más Madrid en el parlamento autonómico. "El PP lo que hace siempre es tratar de despolitizar la lucha de las personas LGTBIQ+", arremete, en conversación con Público, contra el tándem Ayuso-Almeida, al que acusa de dibujar un Orgullo "inofensivo, folclórico, simpático y de colores". Frente a ello, González lo tiene claro: este sábado, toca salir a reivindicar (y celebrar) vidas un poco más libres.PublicidadSobre la penalización de las (mal llamadas) terapias de conversión, sobre la oposición "histórica" del PP a los derechos LGTBIQ+, sobre los discursos de odio —en la calle, las redes o en la tribuna del Congreso—, sobre el borrado institucional del colectivo y sobre las razones que dan vida a la manifestación de este sábado. Sobre todo esto y más hablamos con ella en esta entrevista para Público. Ver vídeo Jimena González: "Todos los días de mi vida leo insultos y amenazas de muerte por ser mujer, trans y de izquierdas" Lolo Sánchez/Helena MargaritLa semana pasada el Congreso daba luz verde a la penalización de las mal llamadas terapias conversión, una incorporación al catálogo de delitos del Código Penal que el colectivo lleva décadas exigiendo. ¿Cómo valora este hito?Creo que es uno de los grandes logros que quedaban aún por cumplir. Todavía quedan algunos, pero esta era una de las grandes reivindicaciones que quedaban pendientes dentro de la comunidad LGTBIQ+, porque hasta ahora las falsas terapias de conversión estaban prohibidas por la mayoría de leyes autonómicas, pero solo se podían perseguir por vía administrativa, lo cual lo dificultaba muchísimo y permitía, además, que algunos gobiernos, por ejemplo, el Gobierno de [Isabel Díaz] Ayuso —el Gobierno de la Comunidad de Madrid—, libremente decidieran no perseguirlas de manera activa. Eso es lo que ha estado haciendo Ayuso los últimos años, sabiendo que había casos de organizaciones que estaban practicando, publicitando y captando chavales para falsas terapias de conversión. La Comunidad de Madrid se desentendía.​​Ahora, con esta ley a la que se dio luz verde el Congreso de los Diputados hace unos días, por fin se introduce la práctica de falsas terapias de conversión en el Código Penal, lo cual permite la persecución por vía penal. Perseguirlas de una manera eficaz, que es lo que hacía falta. Asociaciones como No es terapia, que es la que ha estado detrás de la aprobación de esta ley y la que ha estado persiguiendo las falsas terapias de conversión por todo el territorio nacional, son, al final, quienes tienen que llevarse el mérito de este avance tan importante y que va a cambiar muchas cosas para muchísima gente.Un avance que se produce, simbólicamente, en el mes del Orgullo. Este sábado se celebra en Madrid la manifestación. Este año, bajo el lema ¡A las calles con orgullo! Disidencia y resistencia. ¿Por qué es importante volver a salir a las calles?Lo que constituye la reivindicación política del Orgullo LGTBIQ+ nunca ha dejado de ser importante en este país, aunque, en algunos momentos, hemos tenido la ilusión, la fantasía, de que estábamos en una línea de progreso ascendente en cuanto al respeto a nuestros derechos fundamentales. Pero nunca ha dejado de haber amenazas más o menos explícitas sobre nuestro derecho a ser quienes queramos ser con nuestros derechos plenamente reconocidos. Todos estas amenazas siempre han estado protagonizadas por el Partido Popular.​​Ahora parece que se dice mucho que la única amenaza es la extrema derecha, Vox —que es un peligro para las personas LGTBIQ+, por supuesto que lo es—. Pero es que el Partido Popular nunca ha dejado de serlo. Nunca ha dejado de intentar derogar todas las leyes que nos reconocían derechos, que protegían nuestras vidas. Nunca ha dejado de estar en contra de que podamos vivir nuestras vidas tranquilas, felices y sin miedo. Nunca ha dejado de oponerse frontalmente a todos los avances sociales que hemos protagonizado la comunidad LGTBIQ+. Es decir, que el peligro para nuestras vidas siempre ha estado ahí. Ahora es más explícito por Vox, pero nunca ha dejado de estar.PublicidadEn el pregón de este miércoles, fueron varias las voces que reivindicaron, desde la plaza Pedro Zerolo, que el Orgullo es también memoria. El viernes pasado fue el aniversario de la primera manifestación LGTBIQ+, en el verano del 77, por la Rambla de Barcelona. ¿Por qué es importante seguir mirando hacia atrás?Una de las cosas importantes de la memoria es precisamente no olvidar quiénes han estado sistemáticamente a lo largo de todos estos progresos en contra de ellos, que ha sido el Partido Popular. Y, sobre todo, de la memoria del Orgullo tenemos que mirar con mucha atención y tratar de no olvidar la fuerza fuerza implacable con la que las personas LGTBIQ+ que hoy son mayores estuvieron dispuestas a arriesgarlo todo, a veces incluso hasta su integridad física y su vida, para que nosotras —las personas LGTBIQ+ de mi generación y más jóvenes— pudiéramos tener acceso a vidas más justas y más plenas. Esa fuerza no la podemos olvidar, no podemos relajarnos, no podemos pensar que ya está todo hecho y que no va a haber retrocesos. Eso es lo más importante que tenemos que aprender de las personas del LGBTBIQ+. De las que hoy ya son mayores y también de las que ya no están, de las que se quedaron por el camino, que fueron muchas y especialmente muchas personas trans.Ayuso ha protagonizado el primer retroceso en derechos LGTBIQ+ de la historia de la democraciaLa última polémica del Ayuntamiento de Madrid tiene que ver, precisamente, con la campaña municipal del Orgullo, concretamente con la cartelería. Sillas, caramelos o balcones de colores. Así ha optado el consistorio por representar al colectivo y sus reivindicaciones. ¿Qué le parece?El Partido Popular lo que hace siempre con las campañas del Orgullo, sistemáticamente, —porque esto no es de este año, es un histórico de todas las campañas del Orgullo desde que Almeida es alcalde— es, al mismo tiempo que no dicen que la izquierda politiza el Orgullo, tratar de despolitizarlo. El Orgullo es intrínsecamente político, el Orgullo es una reivindicación política. El problema no es que la izquierda politice las reivindicaciones del Orgullo, el problema es que el Partido Popular está en contra de las reivindicaciones políticas del Orgullo. Por eso tratan todo el tiempo de despolitizarlo haciendo campañas para que sea algo blanquito, inofensivo, un poco folclórico, festivo. Y por supuesto que las personas LGTBIQ+ no estamos dispuestas a renunciar al aspecto festivo y celebratorio del Orgullo, porque el Orgullo, además de una reivindicación política, es una celebración de nuestras vidas y de nuestros logros, pero el PP trata de reducirlo a eso: a algo folclórico, anecdótico, divertido, simpático, colorido.Hemos asistido los últimos meses a la consolidación del tándem PP-Vox en varios gobiernos autonómicos: Extremadura, Aragón, Castilla y León y Andalucía. ¿Tiene miedo de los retrocesos que estos gobiernos puedan impulsar en materia LGTBIQ+?Yo a quien temo realmente es al Partido Popular, porque nunca ha necesitado a Vox para ir en contra de los derechos de las personas LGTBIQ+, para ir en contra de las vidas de mi comunidad. El Partido Popular en la Comunidad de Madrid —donde tiene mayoría absoluta y no gobierna con Vox— derogó las leyes trans y LGTBI de la comunidad en diciembre de 2023. Esto pasó en la Comunidad de Madrid, donde el PP, repito, tiene mayoría absoluta, no necesitaba a Vox para nada. No era, por tanto, una cesión a Vox, era la agenda propia del PP de Ayuso. Era la voluntad de Ayuso de protagonizar el primer retroceso en derechos LGTBIQ+ de la historia de la democracia de este país. El Partido Popular, insisto, nunca ha necesitado a Vox. En la Asamblea de Madrid, donde soy diputada, hace unos meses el Partido Popular votó en contra de que el gobierno autonómico persiguiera de manera activa las falsas terapias de conversión. Nosotras presentamos una iniciativa en la Asamblea antes de que se aprobara la ley en el Congreso y el PP de Ayuso votó en contra. Repito: en la Comunidad de Madrid, no gobiernan con Vox, no necesitan a Vox, no le deben nada a Vox.​​No podemos seguir blanqueando las políticas activas del PP contra los intereses de la comunidad LGTBIQ+ con la excusa de que está Vox, que es la extrema derecha y un partido ultracatólico. El Partido Popular es el problema. A ellos les resulta muy cómodo escudarse en Vox, pero no, no necesitan a Vox. Los ultracatólicos que nos odian a las personas LGTBIQ+ y que promueven todas estas organizaciones que practican falsas terapias de conversión en la comunidad de Madrid votan al PP, no votan a Vox, porque el PP es quien defiende sus intereses, el PP es quien ataca nuestros derechos. Por eso me parece muy importante seguir poniendo el foco en las políticas del Partido Popular, por mucho que salga Jaime de los Santos en el Congreso a decir que él es maricón y del PP y que está muy orgulloso de ambas cosas. A mí me da igual que sea maricón. Vendidos, desclasados y esquiroles los ha habido en todos los movimientos sociales a lo largo de la historia. No es ninguna sorpresa, no es ninguna novedad. Justo después de decir eso, se abstuvo para penalizar las terapias de conversión junto con todo su grupo. Si fuera más maricón que del PP estaría trabajando por mover las posiciones de su grupo político hacia el respeto a los derechos de la comunidad.PublicidadEl PSOE sigue teniendo una posición ambigua con los derechos LGTBIQ+: los defiende, pero no muchoHemos hablado del Partido Popular y de Vox. No quería dejar de mencionar de todos los documentos oficiales del Partido Socialista de la "Q" en las siglas del colectivo. ¿Qué le parece esta decisión?El Partido Socialista tiene y sigue teniendo, desgraciadamente, —y esto a mí es algo que me entristece profundamente— esta posición ambigua desde hace ya bastantes años con los derechos LGTBIQ+. Los defiende, pero no mucho. Los defiende, pero los de algunos. Los defiende, pero solo a veces. Los defiende, pero depende de a quién le preguntes dentro del Partido Socialista, de con quién hables, de qué federación sea tu interlocutor, de en qué parlamento estemos. Siempre mantiene esta posición extremadamente ambigua de, al mismo mismo tiempo que que reivindican que, bueno, que el Partido Socialista evidentemente ha tenido un papel muy importante históricamente en la consecución de determinados derechos para la comunidad LGTBIQ+, en los últimos años, personas dentro del Partido Socialista con cargos muy importantes han protagonizado algunos de los ataques más crudos y más crueles hacia las personas trans, más incluso que la derecha.​​Esto no desaparece de la noche a la mañana. Me consta que hay personas del Partido Socialista que trabajan para que estas posiciones desaparezcan, pero no siempre lo están consiguiendo y todos los años seguimos viendo cómo, desde el PSOE, sigue habiendo ataques hacia las personas trans y, específicamente, hacia las mujeres trans. Es tremendamente triste porque con los ataques de la ultraderecha ya contamos; los del Partido Socialista son mucho más dolorosos.Las asociaciones denuncian que la ley trans no se está aplicando del todo. Una de las principales críticas es que el Gobierno vulnera el artículo 50.1, que apremia a las administraciones a adecuar la documentación de las personas trans migrantes a su identidad. ¿Por qué cree que hay este retraso en la aplicación de la norma?A una falta absoluta de voluntad y a este conflicto que existe siempre en el seno del Partido Socialista. No quieren tocar nada, no quieren mover nada, para no volver a despertar el monstruo de la transfobia dentro de sus filas. El actual Ministerio de Igualdad, con la ministra Ana Redondo, lleva años arrastrando los pies. Y es, efectivamente, por miedo a que tocar cualquier cosa vuelva a sacar a la luz la polémica y a hacer públicas todas las posiciones que siguen ahí. Es un problema muy grande. A las personas trans migrantes y solicitantes de asilo, que en sus países de origen no pueden rectificar su documentación, no se les ha estado permitiendo modificarla aquí y eso es directamente un incumplimiento de la ley trans que está aprobada. No estamos reclamando lo que se quedó fuera de la ley, que fue muy doloroso y que luchamos mucho porque no se quedara fuera. Una de las grandes deudas de la ley trans de 2023 fueron, por ejemplo, los menores trans de menos de 12 años. Pero lo que estamos reclamando es que se cumpla, por lo menos, lo que sí está en la ley.​​El otro día en el Senado, ante una interpelación de Carla Antonelli, el ministro Marlaska se comprometió a solucionar esto en la primera quincena de julio. Dijo que se iban a poner en marcha los protocolos para rectificar la documentación de toda esta gente que, injustamente, lleva años desde la aprobación de la ley trans sin poder rectificarla. Desde luego vamos a estar muy pendientes de que eso sea así y vamos a exigir que se cumpla ese compromiso que Carla Antonelli le arrancó al ministro.Esta semana se cerraba el plazo para presentar solicitudes al proceso de regularización extraordinaria de migrantes. Las asociaciones denuncian el riesgo de exclusión al que se han enfrentado los solicitantes de asilo LGTBIQ+ y la falta de atención personalizada a las personas trans migrantes. ¿Comparte estas críticas?A mí me consta, por muchísimas consultas personales que recibo de gente que está en situaciones de este estilo, que esto está pasando. Me consta que está habiendo graves deficiencias en todos estos procedimientos y que la solicitud de asilo por ser LGTBIQ+, por motivo de persecución o discriminación en el país de origen, no siempre se está respetando. Esto es muy grave. España no puede permitirse no ser un refugio seguro para las personas LGTBIQ+. Si el gobierno de España, como todas esperamos, es un faro para el mundo en derechos LGTBIQ+, tiene que cumplir con las expectativas y ser un refugio seguro para todas estas personas. Vengan de donde vengan.Se ha hablado muchas veces de la actual legislatura como la legislatura de la vivienda. El colectivo trans aparece sistemáticamente en los informes institucionales como uno de los más vulnerables a la exclusión residencial e, incluso, a las situaciones de sinhogarismo. ¿Se está haciendo suficiente para remediarlo?No, claramente no. Me remito al trabajo de diferentes asociaciones con personas LGTBIQ+ sin hogar. Concretamente, por ejemplo, a la Fundación Eddy. Hace muy pocos días, nos contaban que el Ayuntamiento de Madrid pretendía quitarles uno de los dos pisos que tienen para acoger —con fondos particulares, porque ni siquiera están suficientemente subvencionados para la labor que hacen en lugar de las instituciones—. Fue precisamente cuando nuestro concejal en el ayuntamiento de Madrid, Eduardo Rubiño, registró unas preguntas al respecto cuando el ayuntamiento se echó para atrás y dijo: "No, vais a seguir teniendo el piso". La fundación siempre denuncia la cantidad abrumadora de solicitudes de plazas en uno de sus pisos que tienen y trabaja fundamentalmente con personas muy muy jóvenes. Personas LGTBIQ+ expulsadas de sus hogares o personas, muchas veces migrantes, en situación de sinhogarismo.​Los recursos son a todas luces insuficientes. Para personas trans, sí, pero también para personas de LGTBIQ+ en general. Las asociaciones están haciendo un trabajo valiosísimo que está cubriendo —solo parcialmente, porque no llegan a más— lo que deberían estar haciendo las administraciones. ​La Comunidad de Madrid, por ejemplo, no está haciendo absolutamente nada en este sentido. Nada más que recortar cada año que pasa el presupuesto en ayudas destinadas a las asociaciones LGTBIQ+. El problema del acceso a la vivienda y de la carencia de vivienda nos afecta de manera especialmente cruel a las personas de la comunidad LGTBIQ+. Hay casos tanto de personas mayores con situaciones muy precarias como, de manera especialmente dolorosa, de personas muy muy jóvenes que son expulsadas de sus hogares. Esto sigue pasando a día de hoy y es una realidad de la que las administraciones, desde luego en Madrid, no se están haciendo cargo.Todos los días leo insultos y amenazas de muerte por ser mujer, trans y de izquierdas¿Cómo de gruesa sigue siendo la barrera para que las personas trans entren en política? ¿Ha vivido personalmente situaciones discriminatorias en la esfera institucional, por ejemplo, en la Asamblea de Madrid?El precio a pagar por ser una persona LGTBIQ+ y específicamente trans públicamente, en la esfera política, es muy alto. Muchas veces me preguntan chicos y chicas trans jóvenes a los que les gustaría entrar en política y trabajar para los demás y yo no puedo no advertir que el precio personal a pagar siempre es altísimo. En redes sociales muy especialmente, pero en todos los ámbitos. Hay también otra cosa muy dolorosa. En la Asamblea de Madrid, muy a menudo tenemos debates muy encendidos sobre temas en los que [los partidos] tenemos posiciones diametralmente diferentes y en las que defendemos los intereses de colectivos completamente distintos. Cuando el Partido Popular registra, por ejemplo, la derogación de la ley trans, que incluía párrafos de enorme violencia y para la que trajeron a comparecer a comisión a expertos, entre comillas, que directamente negaban la existencia de las personas trans, estando yo delante… Tuve que ver cómo todos y cada uno de ellos apretaban el botón que derogaba la ley después de haber estado escuchando discursos tremendamente violentos sobre nuestra existencia, sobre mi existencia. Estando Carla Antonelli y yo allí delante.Se alcanza un nivel de violencia que es imposible no vivir de una manera personal. Estamos hablando de nuestras vidas, no estamos hablando de políticas económicas, no estamos hablando de políticas de empleo, no estamos hablando de turismo o del problema de la vivienda, siendo todos problemas importantísimos para las vidas de todos los ciudadanos y ciudadanas. Estamos hablando de que están, en mi cara, negándome el derecho a existir. Eso toca un nivel muy personal y constituye una violencia muy específica y muy difícil de gestionar algunas veces.​​En las últimas semanas he tenido muchas interpelaciones de diputadas y diputados de la derecha que estaban bastante escandalizados porque, desde Más Madrid, propusimos hace unas semanas la restitución integral de la ley trans en la Asamblea de Madrid e hice una intervención en la que, después de haber tenido tenido mucho conflicto con esa emoción, les dije que me consta que me odian, pero que yo a ellos también desde que les vi apretar el botón que derrogaba la ley. Ahora están escandalizados y me han interpelado mucho en ese sentido. La verdad es que me alegro de que haya tenido efecto en ellos. Me alegro de que se hayan dado cuenta, aunque sea remotamente, de cómo nos sentimos las personas trans cuando vemos a Ayuso reírse y hacer chistes sobre las personas trans. De cómo nos sentimos cuando escuchamos discursos por parte de diputadas del PP negando nuestra existencia, de cómo nos sentimos cuando les vemos votar en contra de las leyes que protegen nuestros derechos y que nos dan vidas un poco más dignas. Me alegro de que, diciéndoles que yo a ellos también les odio por lo que han hecho, no por lo que son, hayan podido identificar un poco de esa violencia que ellos cotidianamente ejercen contra nosotras.Cerca de la mitad de las personas del colectivo aseguran haber sufrido alguna forma de discriminación en el último año en su trabajo, su centro estudios, en su casa o a través de las redes sociale ¿Están creciendo los discursos de odio y las agresiones contra las personas LGTBIQ+? ¿A qué lo achaca?No lo creo yo, lo dicen todos los estudios. Están aumentando no solo los discursos sino los delitos de odio, las violencias más concretas. De manera especialmente alarmante en los lugares de trabajo. Para eso se están implantando protocolos en los centros de trabajo que hasta ahora no existían y por los que se ha luchado mucho. Su crecimiento es imposible no achacarlo a la deshumanización a la que, desde la derecha, se nos lleva sometiendo ya muchos años. Al menos desde 2021 o 2022, cuando empezó a escalar el debate sobre la ley trans estatal. A nivel internacional, esta internacional reaccionaria que está llegando al poder en muchos países del mundo ha decidido de manera colegiada que les venía muy bien tener un chivo expiatorio y que la comunidad trans era el chivo expiatorio ideal porque somos pocas. Es muy fácil y llevan tiempo trabajando muy duro para deshumanizarnos, para convertirnos en una mofa, en una broma. Y no tenemos, desde luego, los recursos para defendernos.​​Les ha resultado muy fácil decirle a la gente que la culpa de que no puedan acceder a una vivienda, que la culpa de que no lleguen a fin de mes, que la culpa de que la cesta de la compra no pare de subir y los salarios se estanquen, no es de los millonarios, sino de las mujeres trans. Este discurso tan simplón, hay gente que lo compra desde la ignorancia. Uno de los elementos que juega a favor de esa deshumanización que hacen con nosotras es que la comunidad trans somos un porcentaje muy bajo de la población general. La inmensa mayoría de la población nunca ha conocido a una persona trans personalmente. Yo tengo la experiencia de muchísima gente que tenía ideas preconcebidas sobre las personas trans muy negativas y que, después de conocerme personalmente, ya no las puede sostener de esa manera. Cuando de repente conoces a una persona en su integridad, con sus complejidades, con sus contradicciones, con su vida y sus problemas, esa deshumanización resulta mucho más complicada. Pero, claro, la inmensa mayoría de la gente no tiene una persona trans al lado a la que pueda humanizar. Por eso esa parodia, esa caricatura que constantemente desde la derecha hacen de nosotras, cala más profundo.PublicidadLas personas LGTBIQ+ venimos al mundo para traer un poquito más de libertad¿Recibe personalmente mensajes de odio en las redes? ¿Cree que la atacan por ser mujer, por ser trans, por ser de izquierdas o una combinación de todas?Es una combinación de todo. Por supuesto, todos los días tengo mensajes en mis redes sociales, tanto privados como públicos, respondiendo a mis intervenciones públicas en la Asamblea. Y todos y cada uno de los días de mi vida, cuando entro en mi móvil, leo insultos, vejaciones y amenazas de muerte. Recuerdo uno que decía que iba a descuartizarme. Eso, todos los días. Algunos los he denunciado, pero casi nunca han llegado a ningún lado. Luego ya te cansas de denunciar. Pero es muy gracioso ver cómo interseccionan los insultos por ser trans, por ser mujer y por ser de izquierdas. Ahí ves cómo hay gente que se hace un lío y empieza el mensaje insultándote en masculino, pero, al final del mensaje, ya está escribiendo en femenino. Lees mensajes tipo: "Eres un hombre y además eres fea". Si pensaras que soy un hombre, jamás me insultarías por mi físico. A quien se insulta por su físico públicamente es a las mujeres. Me insultas por mi físico porque, en realidad, ni tú te crees que yo sea un hombre. Me estás insultando como mujer al mismo tiempo que me estás negando mi identidad de género. Entonces es curioso ver cómo interseccionan todas esas formas de ataque.​​Por los tres factores que has mencionado —por ser mujer, por ser trans y por ser de izquierdas— experimentas violencias cruzadas. Si cualquiera de estos factores desaparece, por ejemplo, en mis compañeras cis, que también experimentan muchísima violencia en redes sociales, pero, como quitas el factor trans, ya es un poco menos. O compañeros hombres, que reciben insultos por ser de izquierdas, pero, normalmente, ni por su físico, ni por su vestimenta, cosa que las mujeres sí. Si eres trans, te viene toda la misoginia y, además, eres un hombre. Pero la misoginia también te la has comido.Empezamos hablando de que el Orgullo no es solo un día de protesta, también una celebración. Recuerdo escuchar a Carla Antonelli decir que es una manifiesta. ¿Qué hay que salir a celebrar este sábado y qué va, personalmente, a celebrar Jimena González?Hay muchísimo que celebrar todos los años. Para empezar, hay que celebrar nuestras vidas siempre. Hay que celebrar lo que aportamos a la sociedad, que es muchísimo. La sociedad española ha mejorado gracias a la visibilidad de las personas LGTBIQ+, que venimos al mundo para traer un poquito más de libertad. Libertad en la sexualidad, libertad en el género. Esa es una libertad de la que se aprovecha y que beneficia a todo el mundo. Una sociedad donde la sexualidad y el género son menos rígidos es una sociedad mejor para todos. Por eso me encanta que el Orgullo sea una manifiesta, como decías, de la que participa toda la sociedad, también las personas que no son LGTBIQ+. Porque las personas que no forman parte de la comunidad también tienen que celebrar poder vivir vidas más libres y menos rígidas. Tenemos que celebrar que estamos llegando a lugares a los que nunca habíamos llegado. Estamos viviendo vidas que nunca hubiéramos podido soñar hace, ya no te digo diez, sino cinco años. Estamos ocupando espacios que nunca habíamos ocupado. Estamos alcanzando niveles de calidad de vida —y pienso, sobre todo, en las personas trans— que eran casi impensables para las que nos precedieron.​​Yo celebro, todos los días, cada vez que veo a una persona trans —por la calle, en un supermercado o en su puesto de trabajo— viviendo su vida de manera plena, abierta y visible. Y es que estamos por todas partes, es que ya no somos la de la esquina ni la del espectáculo nocturno, que también podemos seguir siéndolo. Somos la cajera del supermercado, somos el chico de seguridad de un edificio, somos la profesora de tus hijos, somos el médico residente. Estamos llegando a lugares a los que nunca habíamos llegado. Estamos en las instituciones. Otra de las cosas que celebro es poder seguir trabajando, mano a mano, con un referente como Carla Antonelli. Tenerla sentada a mi lado, aprender de ella y tener el privilegio de darle el reconocimiento que se ha ganado a lo largo de su vida y el agradecimiento de toda mi generación por todo lo que consiguió para nosotras.​​Pero sobre todo hay que celebrar eso: que poco a poco estamos consiguiendo tener vidas al menos tan felices como las del resto de la gente. O tan infelices, que también es mucho decir. Que los problemas que afectan al resto de la gente también nos afectan a nosotras, que el problema de la vivienda nos afecta, que a nosotras tampoco nos llegan los sueldos, que tampoco podemos permitirnos independizarnos, que somos partícipes de las mismas dolencias que el conjunto de la sociedad, pero, a la vez, estamos consiguiendo niveles de felicidad, de plenitud y de realización que era muy difícil imaginar hace unos años. Eso hay que celebrarlo.