La frase de la semana: “Es que la vida es un chasco”. La profiere el poeta Jesús Aguado en la tarde del martes, tras haberse visto obligado a cancelar la presentación de su más reciente obra, Carta al padre (Candaya).Mireia Calafell, Josep Pedrals y Màrius Serra, el lunes, en La Central del Raval Àlex Garcia / PropiasLos hechos sucedieron así: de hoguera en hoguera, los bomberos llegamos tarde y derrapando a la librería Laie, donde debía celebrarse el evento, para toparnos –¡oh, quebranto!– con el establecimiento a oscuras y al librero Damià Gallardo cariacontecido en la puerta. Un apagón en la finca. Un maldito cable pelado. La proeza de llamar a Endesa y conseguir hablar con un humano, sorteando la charla con una máquina. Que vienen, dicen, pero no llegan. Total, que con el acto ido al garete, la brigadilla Fahrenheit 451 emprendió un rastreo por los bares aledaños con el fin de localizar al poeta y a su cuadrilla bolañesca, incluidos el escritor mexicano Eduardo Ruiz Sosa y la editora Olga Martínez . Dimos con la troupe en la plaza Urquinaona, en un garito llamado Citizen Café, donde estaban festejando con cerveza la no-presentación, pospuesta al otoño. “Ha debido de ser una venganza de mi padre”, bromeaba Aguado. Un desquite de ultratumba quizá, pues el poeta se ha inspirado en la celebérrima carta que Kafka envió a su progenitor para explorar también un vínculo maltrecho.Josep Pedrals invita al juego y al placer en la presentación de su ensayo ‘Poeticismes’El apagón se antojó un guiño poético. La poesía quiebra esquemas y convenciones, como bien sabe Josep Pedrals , para quien lo más atractivo del género pasa por la «sorpresa constante» y la capacidad de «romperte los esquemas». Poeta, rapsoda y divulgador, Pedrals acudió al bautizo de su ensayo Poeticismes (Arcàdia) con una muy refrescante camisa estampada con rodajitas de limón. También refrigeraba un poco el ambiente el murmullo del agua, de la fuente que borbotea en el jardín de la librería La Central del Raval, en lo que fueron los antiguos patios de la Casa de Misericòrdia. Todo esto sucedió en la caldeada tarde del lunes. También las gaviotas asoleadas rieron las ocurrencias del poeta.Los dos conductores del acto estuvieron sembrados. La clavaron, tanto en la semblanza del autor como en el significado último del libro. “La mayoría de los mortales hacemos lo que podemos; y luego está Pedrals, que hace lo que quiere”, sentenció la poeta Mireia Calafell con un saque magnífico, al que el aludido respondió con un latigazo de muñeca no menos hábil: “Me he construido un personaje cómodo de habitar”. No es poco.Xavier Mas de Xaxàs, Arancha González Laya y Lluís Bassets, el lunes, en la Casa del Llibre REDACCIÓN / TercerosPor lo menos, Pedrals y su voz estupenda, puro timbre y pulmón, se acercan a la poesía despojados de esa prudencia con botas de plomo, como las que calzan los buzos. Pedrals es un poeta alegre que ha hecho de Poeticismes un cajón de sastre, a la manera del barón de Maldà, donde ha engarzado sus reflexiones sobre la poesía y sus mecanismos retóricos, «desde la iluminación más erudita hasta la más tabernaria», a decir de Màrius Serra, el segundo de los padrinos. El escritor y enigmista, otro tahúr de las palabras y colaborador de esta santa casa, estuvo muy acertado al aventurar que Pedrals “coromineja”, convirtiendo así en verbo de acción el apellido del ilustre lexicógrafo y etimólogo Joan Coromines. Pedrals juega con las palabras. La cuestión es entrar en la poesía despojados de ceremonia y esmoquin. Divertirse.Lee tambiénPor lo demás, los apagafuegos acudimos a la Casa del Llibre, también el martes, a la puesta de largo de un ensayo cuyo título se antojaba casi poético: Solos en el mundo (Arpa). Nada que ver con el lirismo, sino pura realpolitik . Reflexiones a cargo de Arancha González Laya, la exministra de Exteriores socialista que sufrió un fundido a negro por haber permitido la entrada en España del líder del Frente Polisario Brahim Gali, en abril del 2021, para curarse de la covid; qué rápida va la vida. Xavier Mas de Xaxàs y Lluís Bassets, dos finos analistas, la acompañaron en un acto del que salimos más lúcidos pero cabizbajos: Trump, el Ártico, los satélites de Elon Musk, el algoritmo, el ascenso del neowestfalianismo y el crujido de los servicios públicos en una Europa desnortada.Los bomberos nos despedimos aquí. Nos replegamos a nuestro cuartel. Cuídense durante el verano, hidrátense y sobre todo lean para mantener viva la llama. Amenazamos con volver.