Los que sostienen
Los padres tienen más de 80 años. Su hijo, una enfermedad rara y una discapacidad severa. Bascuñana los ve entrar en consulta desde hace años. Han envejecido cuidándolo. Ella los cita cuando le pregunto qué le sigue sorprendiendo tras décadas dedicadas a la rehabilitación. No habla de avances tecnológicos. Habla de ellos. Y de la hermana Laura, que cuida a pacientes abandonados por sus familias. Con el tiempo ha llegado a una conclusión: los grandes discapacitados viven gracias a quienes permanecen a su lado. Quizá por eso insiste en que la rehabilitación no consiste solo en recuperar funciones. Consiste también en aprender a vivir con lo que queda. Y casi nunca se consigue solo. Ha participado en el Congreso Nacional de Medicina Física y Rehabilitación, celebrado en Barcelona, que ha reunido a especialistas de toda España.¿Le van los tacones?
Sí, me encantan, corría como un galgo con ellos. Pero en el 2011 me hice una lesión medular por una enfermedad autoinmune y se acabaron los tacones.
¿Estrés?
Sí. Cuando llegué a Sant Pau, éramos cuatro mujeres directoras de servicio en un mundo de hombres.










