�Qu� hace que alguien elija curar heridas, administrar quimioterapias, aplicar m�ltiples t�cnicas especializadas que requieren experiencia o acompa�ar a una familia en los peores momentos de su vida, y aun as� decir que es feliz y que volver�a a empezar desde cero? Es la pregunta que nos ronda desde que cruzamos las puertas del Hospital Universitario HM Montepr�ncipe , en Boadilla del Monte, donde nos reunimos en la Unidad de Hematolog�a y Oncolog�a Pedi�trica con Almudena Hern�ndez y Rafael Espinosa. Dos generaciones diferentes que han hecho de la enfermer�a su prop�sito: ella en activo desde hace m�s de 20 a�os; �l reci�n graduado y completando su formaci�n en pr�cticas.

En las paredes no s�lo hay goteros, dispensadores de gel hidroalcoh�lico o monitores y pantallas de control. Tambi�n hay ilustraciones hechas por los propios ni�os y juguetes por doquier. Una ni�a pregunta en voz baja si puede jugar en la sala con otra. Se intuye, mir�ndolas, que est�n pasando por un proceso muy duro que no es justo a ninguna edad. Pero menos a�n en la m�s tierna infancia. Quiz�s ese sea el mayor logro de Almudena Hern�ndez: que no lo parezca.A su lado, Rafael Espinosa observa con la atenci�n de quien a�n est� aprendiendo a leer estas situaciones. Acaba de terminar el doble grado de Enfermer�a y Fisioterapia. Su mirada es la de quien sabe que lo que estudi� en clase no se parece demasiado a esta escena. "Impresiona mucho", reconoce. "Pero luego coges el piloto autom�tico", a�ade.Los dos hablan de su profesi�n con la misma convicci�n tranquila: la enfermer�a no es solo t�cnica. Es presencia, escucha, y un tipo de entrega que, dicen, no tiene precio. "Hay cosas que no te paga ning�n sueldo, como llegar a casa sabiendo que has cambiado la vida de alguien", suscriben de mutuo acuerdo.Su d�a a d�aLa jornada arranca organizando anal�ticas, materiales, cat�teres Port-a-Cath, v�as perif�ricas, etc. A las nueve comienzan a llegar los ni�os. Primero, las extracciones; luego, la valoraci�n m�dica, los pedidos a Farmacia... Las quimioterapias se empiezan a administrar sobre las doce. "Un poquito estresante", admite Almudena Hern�ndez con una sonrisa que indica que se ha quedado corta. Lo que describe no suena a rutina, sino a una coreograf�a muy ensayada donde cada figura tiene su lugar.M�dicos, enfermeras y auxiliares se mueven juntos: mientras unos exploran, otros pinchan o toman la tensi�n. "Un equipo multidisciplinar de verdad", dice. Los tratamientos terminan hacia las dos, calculados al detalle para que los ni�os est�n en casa cuando acabe el colegio. En muchos casos, esa educaci�n se gestiona aqu�: los profesores se coordinan con los centros de referencia de cada ni�o para que no pierdan clase durante el a�o o dos que dure el tratamiento.El de Rafael Espinosa es distinto, pero no tanto. Entra a las 7.45 y pasa el turno "como una mochila detr�s de la enfermera", recogiendo lo bueno de cada profesional por el que pasa. A las 15.15, vuelta a casa. "Intento quedarme con lo mejor de cada uno", confiesa. En pr�cticas, la tranquilidad viene precisamente de no tener la �ltima palabra. "Eso te da una cierta calma", reconoce. Pero tambi�n sientes que falta mucho. "Cada d�a de pr�cticas acababa estudiando todo lo que hab�a visto, porque me ve�a muy falta de conocimiento", le cuenta Almudena. La semana anterior se ha tenido que revisar a fondo un tratamiento nuevo que est�n administrando a una paciente. "Nunca sales de la carrera sabiendo todo y, adem�s, te debes actualizar constantemente. La enfermer�a y la medicina son un continuo reciclaje. Pero con m�s tablas ahora, claro", sonr�e a Rafael.El porqu� de su elecci�nLa enfermera lleg� en 2004 a la UCI de neonatos. Cuando abri� la Unidad de Hematolog�a y Oncolog�a Pedi�trica, se traslad�. Y no se ha movido desde entonces. La raz�n es sencilla: "Aqu� no nos cortan las alas. Trabajan con los protocolos m�s actualizados de Espa�a, Europa y Am�rica, con medicamentos de �ltima generaci�n y acaban de abrir una Unidad de Ensayos Cl�nicos", describe. Pero lo que m�s valora no es la tecnolog�a sino el tama�o. Al ser una Unidad peque�a, cada paciente tiene nombre. "No trabajamos con el protocolo X, trabajamos con la enfermedad de Mar�a y con su familia: la madre, el padre, los hermanos...".Para Rafael Espinosa, la respuesta tiene que ver con c�mo se forma aqu� un estudiante. Instalaciones amplias, profesionales de alto nivel y, sobre todo, una cultura sin jerarqu�as que lo cambia todo. "Puedes entrar al aula de profesores sin ning�n problema. Siempre los tienes a mano. En un grado donde la distancia entre lo que se aprende en clase y lo que se vive en planta puede ser enorme, esa cercan�a no es un detalle menor. Es, quiz�s, la diferencia".Una raz�n de serAlmudena Hern�ndez y Rafael Espinosa, dos generaciones de enfermer�a en Hospital Universitario HM Montepr�ncipe.ANTONIO HEREDIA�Lo volver�an a hacer? La pregunta apenas necesita respuesta para Espinosa. "Completamente seguro. Cien por cien". Tampoco para Hern�ndez: "Total. No me arrepiento para nada". Ninguno de los dos viene de familia sanitaria. Ella tuvo claro que quer�a ayudar a las personas y acompa�arlas en el proceso de curaci�n. En el caso del estudiante, la pandemia del Covid y una curiosidad creciente por la salud empujaron a toda su familia a informarse. Sus padres hicieron un ciclo de Nutrici�n. �l fue m�s lejos: directo al grado. "De peque�o, cuando alguien se ca�a, era el primero en acudir. Siempre me ha encantado cuidar", dice con naturalidad.Si hay algo que tiene la enfermer�a es estar 24 horas al pie de la cama, y eso da para mucho: para detectar una reacci�n al�rgica, saber lo que ha comido el paciente, notar si tiene un mal d�a... Y, muchas veces, hasta para ejercer de psic�logo sin que nadie lo haya pedido. "Pasamos mucho m�s tiempo que otros dentro".Lo bueno y lo que no tiene remedioLo m�s bonito, coinciden los dos, es el salario emocional. Para Almudena, la mirada de un ni�o que se siente importante, no un n�mero ni una v�a perif�rica. Para Rafael la definici�n es m�s simple todav�a: "Ese orgullo de poder ayudar a los dem�s no lo vas a encontrar en otro trabajo".El lado oscuro es m�s prosaico pero igual de real. En enfermer�a, dice Rafael sin rodeos, no te haces rico. Hay que entrar sabiendo que lo que das raramente se devuelve en la misma proporci�n. "Hay que venir a ayudar sin esperar nada a cambio". Almudena habla de cuando un paciente se va. "Nunca te haces a eso", reconoce. No hay barrera posible: te lo cargas a la mochila y sigues. La Unidad tiene psic�loga, hay reuniones de equipo, existe un sistema de apoyo, pero el peso no desaparece. Rafael lo ve desde fuera todav�a, pero ya lo ha sentido: la primera persona que vio fallecer ten�a muy poco apoyo familiar. Solo hab�a alguien en la habitaci�n para despedirse. "Me choc� mucho". Y le hizo algo que quiz�s no esperaba: valorar m�s su propio entorno.El consejo que le dar�a cada uno a quien elija enfermer�a se resume en: prudencia, compa�erismo, curiosidad y humildad. Saber que vas a fallar, aprender de ello y nunca dejar de querer saber m�s. �Se aprende o se nace? "Ambas cosas", afirma Hern�ndez. "La vocaci�n y la base �tica tienen que estar desde el principio, eso no se entrena. Lo que s� se puede trabajar es la gesti�n emocional y las habilidades sociales: puedes querer ayudar pero no saber c�mo. El instinto tiene que estar ah�. Lo dem�s se construye".Lo que no se olvidaLa veterana guarda muchas historias, pero hay una especial. Un ni�o muy enfermo con cuatro hermanos desperdigados por el mundo. Fueron a su casa a despedirse, le pusieron analg�sicos, esperaron. El peque�o fue despidi�ndose de cada familiar a medida que llegaba, dej�ndole a cada uno un encargo para su futuro. Hasta que no lleg� el �ltimo, cinco horas despu�s, no cerr� los ojos. "Los ni�os saben cu�ndo es el momento de irse", recuerda a�n emocionada con l�grimas.En la pared de la Unidad cuelga un diploma de la Fundaci�n Sandra Ibarra: distinci�n a la enfermera entrenadora, votada por los propios pacientes de toda Espa�a. Es el reconocimiento que m�s le ha importado. "Que lo den ellos lo cambia todo", dice. A su lado lleva un pin de Florence Nightingale, la primera enfermera reconocida oficialmente. No es casualidad que lo lleve puesto.Para el aprendiz, lo que m�s le marc� fue ver fallecer a alguien con una sola persona en la habitaci�n. "Irte de este mundo con �nicamente alguien de quien despedirte", suspira con pesadumbre. Le hizo volver a casa con ganas de cuidar mejor su entorno. A veces la enfermer�a ense�a una humanidad que no est� en ning�n libro y menos a�n en la IA.Grado en Enfermer�a en CUHMEDCentro Universitario HM Hospitales de Ciencias de la Salud de la UCJCFormaci�n desde dentroLa mayor�a de las facultades llevan a sus estudiantes al hospital. La diferencia de CUHMED radica en el origen de su formaci�n. No env�a alumnos a realizar pr�cticas; integra al futuro profesional en el n�cleo de la atenci�n m�dica. Educar desde dentro del hospital significa asimilar su cultura, dominar la alta complejidad asistencial y humanizar el cuidado en el entorno real donde ocurre la sanidad.La propuesta educativa que redefine la formaci�n en enfermer�a se sustenta en:-Profesores que ejercen en activo en las mismas especialidades que ense�an.-2.300 horas de pr�cticas reales, en todos los servicios, con pacientes de alta complejidad.-Turno �nico, ma�ana o tarde, sin sacrificar ni una hora lectiva ni una hora de pr�ctica.-Simulaci�n cl�nica avanzada para entrenar lo que los libros no pueden ense�ar.-Acompa�amiento personalizado desde el primer d�a hasta el �ltimo: microm�dulos, m�ster, doctorado y oportunidad laboral en HM Hospitales al graduarse.-Rotaciones internacionales y proyectos de responsabilidad social en India y M�xico.-Porque hay cosas que solo se aprenden estando dentro.M�s informaci�n y matr�cula en cuhmed.es/grados/enfermeria/