IdeasLa república de pesos y contrapesos sigue siendo el mejor freno inventado contra el abuso del poder.
Este sábado, Estados Unidos cumple 250 años de haber firmado su Declaración de Independencia. La celebración —bautizada America250— encuentra a una nación orgullosa, pero también dividida. En medio del ruido, conviene preguntarse: ¿qué es exactamente lo que celebran?
La mayoría respondería que celebran su democracia. Se equivocan. Lo que los padres fundadores construyeron no fue una democracia, sino una república constitucional. Una democracia pura es el gobierno de la mayoría sin límites; una república somete incluso a la mayoría al imperio de la ley. James Madison lo advirtió en El Federalista: las democracias directas han sido siempre espectáculos de turbulencia y disputa, incompatibles con la seguridad de los derechos individuales.
El genio del sistema estadounidense está en sus pesos y contrapesos. No uno, sino varios niveles superpuestos de freno al poder —federal, estatal y local— que dividen la autoridad para que ninguna facción la concentre. A ello se suma la separación entre las tres ramas del gobierno y una Constitución que, por encima de todos, fija los límites del juego. Es esa arquitectura la que ha permitido a la nación sobrevivir a una guerra civil, a muchas guerras, a depresiones económicas y a más de un funcionario tentado por el abuso del poder.













