El 3 de julio de 2006 València quedó paralizada. Tal día como hoy hace 20 años que se quebró la vida de 43 personas y la de otras 47 que resultaron heridas quedó marcada de por vida. Ese lunes a las 13.06 horas pasaría a la historia negra de la ciudad al descarrilar un tren de Ferrocarrils de la Generalitat Valenciana (FGV) en la pronunciada curva que une las estaciones de Plaza de España y Jesús en lo que fue la mayor tragedia en un metro urbano en España.
Un total de 150 personas viajaban a bordo del convoy que descarriló en ese punto tras alcanzar los 80 kilómetros por hora, el doble de la velocidad marcada. La única baliza existente en el tramo permitía superar esa velocidad ya que no protegía la geometría de la curva, sino la entrada y salida de la estación. La línea 1 era la única que funcionaba con el sistema de Frenado Automático Puntual (FAP) puesto que en la 3 y 5, más modernas, operaba el ATP (Protección Automática de Trenes).
Aquella trágica jornada marcó un antes y un después a nivel político y social en la Comunitat Valenciana, pero también en lo que a configuración y planificación de la red de FGV se refiere tanto a nivel de infraestructuras y de medidas de seguridad como de legislación.











