Cr�nicas de PaganiniLa cafeter�a est� situada en un esquinazo envidiable y ofrece bikinis, hamburguesas, caviar y banderillas. Es divertido sentarse a ver la gente pasarActualizado Viernes,

julio

00:02Audio generado con IADelphina Caf�, en Serrano, 84, es uno de esos lugares en los que una se sienta a observar a los transe�ntes que pululan hacia Rimowa,Saint Laurent y otras tiendas caras de la zona. Para eso (bichear), esta terraza es ideal, si bien la calorina -y la competencia entre restaurantes para escamotearse a los mejores camareros- hizo la experiencia algo desesperante. Se liaron un poco con la comanda, con la cubitera de vino y con una silla huidiza.Hac�a tiempo que quer�a ir a Delphina. Me hab�a hablado de la cafeter�a un amigo al que hab�a citado Leire D�ez con su ya de sobra conocido desparpajo —no se sabe si de periodista o de fontanera— para charlotear, t�rmino que en esta columna, aplicado a la se�ora socialista, viene del personaje de Chaplin. No era un lugar discreto porque enseguida empezaron a aparecer tantos rostros conocidos que mi amigo, temeroso de que confundieran a la pe�n cerdanesca con un ligue (imposible, mi amigo es un hombre enamorado de su mujer), dijo que estaba haciendo una entrevista de trabajo para incorporar a su acompa�ante al despacho. As� que ya les digo que Delphina es uno de esos sitios para ser visto, un escenario m�s para ese teatrillo en el que se han convertido tantos lugares en Madrid.La carta de Delphina es previsible y sencilla, lo que se espera de una cafeter�a de confianza. Se puede desayunar, tomar el brunch, el aperitivo, comer, merendar, cenar... y copear. Para la primera comida del d�a, hay zumos, croissants, churros, molletes, jam�n y foie mi-cuit con mermelada de higos.Las opciones de la cena no suponen una sorpresa. No faltaba de nuevo el foie con su confitura de higos, una hamburguesa de carne hist�rica y, por supuesto —imprescindible en los lugares en los que uno espera ser visto con Leire—, caviar a 50 pavos los 10 gramos. Adem�s de una banderilla de at�n (m�s bien un rej�n de muerte por el tama�o), que no cab�a en la boca, nos decantamos por una tortilla abierta de gambones, ajetes y huevos de trucha. Estaba bastante buena y, por lo menos, no la llamaron tortilla vaga, como en Sacha (como dec�a I�ako, ahora la imitan en todos sitios). Para acabarnos el vino blanco —creo que era un Louro, aunque pagaba Tocqueville— pedimos media raci�n de queso para estar entretenidos.Y vimos pasar mucha gente que luego me servir�a de material para el detective de sociedad de esta columna. Pag� mi amigo: atisb� que sac� tres billetes de 50, pero lo mismo eran m�s. No creo que Arcadi acabe por aqu�.