En este barrio, que no tenía ni nombre propio, ahora proliferan a cada paso comercios chic de café de especialidad, cócteles de autor y arte contemporáneo, pero acecha también el peligro de morir de éxito. Por suerte, en sus calles aún resisten castizas tabernas de toda la vida y restaurantes de menú del día

Salgo del portal y me doy de bruces con un rodaje. Camiones de equipo, gente de producción cortando la calle, enormes focos y una cámara en una grúa filmando una escena en el interior de uno de los restaurantes de la calle. Esto, que en cualquier otro barrio de Madrid sería un evento extraordinario, en el barrio de Las Salesas se está convirtiendo en algo tan habitual como la apertura de un nuevo café de especialidad. Es el precio que hay que pagar por vivir en la zona más chic de Madrid (del otro precio, el real, mejor no hablamos).

Es sorprendente que un barrio que hasta hace poco no tenía ni nombre propio (era parte de Justicia) se mencione en revistas internacionales como Petit Paris y sea un must en el recorrido de foodies y discerning travelers (los que saben, en castellano). Apologies por los anglicismos, pero todo se pega, y en este barrio el inglés es casi tan habitual como el acento venezolano sifrino y el mexicano fresa, que unido al acento pijo de aquí ofrece una instantánea de “gente bien 2.0”.