Clásico, acogedor y carismático, el Gaudí es uno de los pocos que quedan de su estirpe en un Madrid que ha sido invadido por las franquicias clónicas y los locales sin alma
En el Madrid hiperactivo de 2026 subsisten pocos bares que funcionen como oasis en una ciudad cada vez más feísta, ruidosa y homogénea. El Gaudí, un pub de estética filoinglesa que lleva más de cuatro décadas contemplando con bonhomía la calle Almagro —una de las arterias nobles de la ciudad— es uno de ellos. Por su tranquila belleza y también por celebrar unos tiempos y formas ya casi extintos. ...
Desde 1985 Ismael Simón capitanea este diminuto barco —poco más de 40 metros— que aún fondea muy cerca de Alonso Martínez. Acostumbrados a lo excesivo, y también a lo anodino, el Gaudí, con su interior forrado de madera y tela verde, representa una época en la que los bares se confeccionaban sin un excel bajo el brazo y, sobre todo, sin tarima sintética gris. “El dueño que lo abrió fue un empresario ligado al mundo de la ganadería, de ahí que se llamará Bullring cuando yo lo cogí”, recuerda su actual propietario, que se hizo con este pequeño tesoro con tan solo 29 años. “El local estaba igual que ahora: madera en las paredes, barra con capitoné, luz cálida y mesas bajas”.






