Estos templos gastronómicos y sociales ya no se ven en el centro, pero sí en el resto de la ciudad
Lamentaban la semana pasada taberneros, investigadores y antropólogos en el congreso de antropología gastronómica, en Barcelona, la pérdida de identidad —cuando no de vida— de tantos bares-bares. Bares de toda la vida, de esos que en el centro de Barcelona no es que cueste encontrar, es que ya no se encuentran. El bar
a.html" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/quadern/gastronomia/2025-01-10/nous-bars-per-menjar-el-de-sempre-a-barcelona.html" data-link-track-dtm="">donde tomarse una cerveza, un café, una tapa. Sin más aspiración que la noble y necesaria de acoger, de reunir, de despachar al usuario, es decir, al ciudadano. Así, pues, aun a riesgo de contravenir el sabio consejo del antropólogo Manuel Delgado (a saber: “Si das con un bar auténtico, no se lo digas a nadie, tu sola presencia ya lo está estropeando”), recomendaremos ahora alguno de estos templos sociales que son los bares de toda la vida. Ninguno está en el centro-centro de Barcelona. La gentrificación y el negocio al servicio del turismo han hecho que queden muy pocos. Por supuesto, alrededor de esa almendra turistificada quedan muchos. Cientos de ellos. Lo que sigue son tan solo unos pocos ejemplos en diferentes zonas de la ciudad.






