Camilo José Cela escribió “España es un país de cafés, tabernas y bares, que son sus verdaderos parlamentos”. El bar es ese microcosmos donde deambulan personajes sin más historia que la que desean contar acodados en una barra. ...

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Somos lo que queremos ser en ese mismo instante que atravesamos las puertas de un bar de barrio. Donde quizá no saben nuestro nombre, pero sí nuestros gustos. Donde valoras la tapa, la maestría a la hora de servir una caña o la buena selección de vinos. El bar es ese escenario que nos permite estar y beber solos, manifestar nuestra opinión en voz alta o guardar silencio el tiempo que dura nuestra consumición.

“Los bares, en sentido amplio, son servicios de proximidad fundamentales para la vida cotidiana y la conformación política, identitaria y comunitaria de las sociedades, tanto urbanas como rurales, pero se ha profundizado poco o nada en ellos a nivel teórico” escribe Javier Rueda en su ensayo Utopías de barra de bar (colección ¿Es posible? Lengua de Trapo y Círculo de Bellas Artes). Este pequeño ensayo es una joya bibliográfica para quienes intentan comprender los muchos porqués que rodean a los frecuentes cierres de los bares de barrio; o para quienes quieren indagar en las costumbres arraigadas de la sociedad española. “¿Qué es un bar?”, se pregunta el autor, “muchas cosas a la vez: hito de la cotidianidad y las horas muertas, reflejo nocturno de neón y ruido de platos apilados, un símbolo de la mayor de las ordinarieces en sus tres acepciones: lo ordinario como algo común, como algo vulgar y como algo que nos ordena”, concluye.