El escritor y camarero Carles Armengol retrata en su nuevo libro la lenta agonía, la resistencia y las opciones de futuro de los bares en un mundo turistificado

En Matar un bar, Una elegía tabernera sobre la defunción de nuestras barras, Carles Armengol reflexiona sobre un ecosistema que agoniza mientras se reinventa como puede: el de los bares de barrio. Con un poco de autobiografía, algo de crónica costumbrista y pinceladas de política e historia en las no falta el humor, el libro del escritor, psicólogo y “niño de bar” –como se definía en su primer libro Collado, la maldición de una casa de comidas– pone en el centro una pregunta incómoda y necesaria: ¿qué hemos hecho con los bares, esos lugares que alguna vez fueron el corazón social de la ciudad?

Más que un ensayo gastronómico o social, el libro, publicado por la editorial Col&Col, es una conversación viva sobre oficio, precariedad y resistencia. Para Armengol, que fue camarero primero por obligación y después por vocación, dignificar la hostelería no pasa por profesionalizarla en exceso, sino por devolverle su lado más humano: el oficio entendido como cuidado, la barra como punto de encuentro y el bar como trinchera cotidiana frente al capital y la despersonalización. Como hilo conductor, la historia ficticia, pero dolorosamente real de Can Porró, basado en la casa de comidas donde nació, creció y ejerció de camarero –con más o menos resignación– junto a sus dos hermanos, que acompaña, entretiene y ayuda a reflejar el cambio desde la hostelería “de antes” a un nuevo modelo con luces y sombras.