Alejandra Arredondo |
Nueva Orleans (EEUU) (EFE).- El primer idioma que el estadounidense Lloyd Serigne aprendió fue el español. Era la lengua de sus padres, de sus tíos, de sus vecinos y del mundo que conocía en Delacroix, una pequeña comunidad pesquera entre los bayús del delta del Misisipi, en el sur de Estados Unidos.
Serigne forma parte de los llamados «isleños», descendientes de familias de Canarias que se establecieron en Luisiana a finales del siglo XVIII y conservaron durante más de dos siglos su música, sus tradiciones y su idioma.
Sus padres no fueron a la escuela, «no sabían leer ni escribir y no hablaban inglés». A sus 86 años, Serigne ha visto desaparecer la comunidad que lo rodeaba y cómo el idioma que todavía habla, una variante del español canario conservada durante generaciones, se acerca a la extinción.
Ahora, cuando Estados Unidos conmemora los 250 años de su independencia, la comunidad busca evitar que ese legado caiga en el olvido y que se reconozca la participación de sus antepasados en la lucha contra los británicos.













