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julio

22:38El Estado del bienestar funciona como un gran pacto entre generaciones: quienes trabajan pagan impuestos y cotizaciones que financian la educaci�n de los ni�os, la sanidad de todos los ciudadanos o las pensiones de los jubilados. Pero ese equilibrio empieza a resquebrajarse por el envejecimiento de la poblaci�n. Y prueba de ello es que solo el 41% de los espa�oles aporta m�s al Estado de lo que recibe en prestaciones y servicios p�blicos a lo largo de su vida, mientras el 59% restante son receptores netos. Una proporci�n que responde al dise�o normal de un modelo redistributivo, pero que se volver� cada vez m�s dif�cil de sostener conforme aumente el n�mero de pensionistas y disminuya el peso de la poblaci�n en edad de trabajar.Es una de las contundentes conclusiones del informe Las transferencias intergeneracionales y el reto demogr�fico, elaborado por EsadeEcPol, que analiza c�mo se distribuyen los impuestos y las prestaciones entre generaciones y alerta de que el envejecimiento multiplicar� las tensiones financieras del sistema si no se acometen reformas. En base a la metodolog�a de las Cuentas Nacionales de Transferencia (NTA), los autores calculan el "saldo fiscal asignable por edad", que estima la diferencia, a cada edad, entre los impuestos pagados y las prestaciones y servicios p�blicos recibidos por un individuo.El resultado esboza el recorrido habitual de cualquier ciudadano: durante la infancia y la juventud predominan el gasto en educaci�n, sanidad y apoyo a las familias; en la vida laboral, las cotizaciones y los impuestos superan las prestaciones; y con la jubilaci�n el saldo vuelve a ser negativo por el peso creciente de las pensiones y del gasto sanitario. Y as�, revela que la cifra del 41% esconde enormes diferencias por edad: entre los 25 y los 64 a�os, el 68% de las personas aporta m�s al Estado de lo que recibe; en cambio, entre los menores de 25 y los mayores de 65 apenas uno de cada diez es contribuyente neto.Es precisamente esa transferencia de recursos desde la poblaci�n activa hacia quienes todav�a no trabajan o ya se han jubilado la que sostiene el Estado del bienestar. Tanto es as� que el saldo fiscal alcanza su m�ximo alrededor de los 50 a�os de edad, cuando un trabajador aporta unos 11.000 euros anuales m�s de lo que recibe del conjunto del sector p�blico. Apartir de los 60 el balance comienza a deteriorarse y hacia los 70 el d�ficit ronda los 16.000 euros.El informe estima que, en ausencia de reformas, una persona nacida en 2024 recibir� a lo largo de toda su vida unos 140.000 euros m�s de los que aportar� al sistema. Un resultado que refleja que el dise�o vigente depende de que exista una base suficientemente amplia de trabajadores financiando las prestaciones de quienes todav�a no trabajan o ya han dejado de hacerlo. Y contrasta con la percepci�n cr�tica sobre el equilibrio entre los impuestos que se pagan y los servicios p�blicos que se reciben, ya que, seg�n el Centro de Investigaciones Sociol�gicas (CIS), un 54,4% de la poblaci�n acepta que los impuestos son necesarios para sostener estos servicios, pero el 58% afirma que la sociedad se beneficia "poco o nada" de esas aportaciones.En cifras agregadas, los autores estiman un saldo negativo de m�s de 30.000 millones de euros (la diferencia entre 586.000 millones en impuestos y unos 617.000 en prestaciones), lo que equivale al 1,9% del PIB. Pero advierten de que el verdadero desaf�o llegar� con la jubilaci�n de la macrogeneraci�n del baby boom y proyectan que para 2050 el desequilibrio podr�a elevarse a una horquilla de entre el 6,7% y el 9,1% del PIB.El estudio analiza qu� factores podr�an compensar ese deterioro. El primero es el aumento del nivel educativo, puesto que entre los 30 y los 54 a�os una persona con estudios superiores genera un saldo fiscal positivo de 15.900 euros al a�o, frente a los 6.300 euros de quienes tienen bachillerato o FP y apenas 2.500 euros entre quienes no superan la ESO. Y el segundo es la inmigraci�n, si bien sus efectos ser�n limitados. En un contexto marcado por la regularizaci�n masiva del Gobierno de Pedro S�nchez, que ha recibido 1,3 millones de solicitudes de extranjeros, los autores advierten de que aunque se mantengan flujos elevados de entrada de inmigrantes al mercado laboral el impacto ser� temporal, ya que acabar�n jubil�ndose y generando gasto en pensiones y sanidad.El problema de las pensionesEl documento sit�a parte del problema en el propio dise�o del sistema de pensiones. Seg�n calculan, las reglas actuales proporcionan una rentabilidad impl�cita del 2,6% anual para las cotizaciones realizadas durante la vida laboral, por encima del aumento de los ingresos que financian el sistema (1,4%). Y esa diferencia, unida al aumento de la esperanza de vida y en ausencia de reformas, incrementar� progresivamente la presi�n sobre las cuentas p�blicas.Ante este escenario, EsadeEcPol propone tres grandes l�neas de actuaci�n. La primera pasa por elevar la participaci�n laboral entre las personas de 55 a 64 a�os, ya que, seg�n sus estimaciones, si Espa�a alcanzara tasas de empleo similares a las de los pa�ses europeos m�s avanzados la recaudaci�n neta aumentar�a en torno a 14.000 millones de euros anuales. La segunda consiste en vincular de forma autom�tica la edad efectiva de jubilaci�n a la evoluci�n de la esperanza de vida para repartir el aumento de la longevidad entre m�s a�os de trabajo y m�s a�os de cobro de la pensi�n. Y la tercera plantea avanzar hacia un sistema de cuentas nocionales que refuerce la relaci�n entre las cotizaciones realizadas y las prestaciones futuras. Con todo, la principal conclusi�n del informe es que el envejecimiento no hace inviable el Estado del bienestar, pero s� obliga a adaptar sus reglas de funcionamiento. De lo contrario, advierten sus autores, el coste de mantener el sistema recaer� cada vez m�s sobre unas generaciones en edad de trabajar que ser�n proporcionalmente menos numerosas.