Apenas el 41% de la población española realiza una aportación neta positiva a las cuentas públicas, es decir, paga más en impuestos de lo que recibe en prestaciones y servicios públicos. La mayoría de la población (el 59% restante) es beneficiario neto del sistema. Esta realidad a la que apunta un estudio publicado por el Centro de Políticas Económicas de Esade (EsadeEcPol) destapa el reto fiscal que plantea el envejecimiento de la población en las próximas décadas.El estudio sobre las transferencias intergeneracionales y el reto demográfico reflexiona sobre el déficit fiscal asignable por edad -el que mide la diferencia entre impuestos pagados y prestaciones y servicios públicos recibidos- y lanza una advertencia: la deriva demográfica de España, con las cohortes del baby boom desplazándose hacia las edades de mayor gasto público, amenaza con ampliar de forma significativa el desequilibrio fiscal en las próximas décadas y, por tanto, a impactar contra la sostenibilidad del Estado del bienestar.
A esta conclusión llegan los autores, Miguel Almunia y Pablo García-Guzmán, tras analizar cómo evolucionan las contribuciones fiscales de los ciudadanos a lo largo de su vida. El estudio describe un patrón claramente vinculado al ciclo vital. Durante la infancia y la juventud, los ciudadanos son receptores netos de recursos públicos, principalmente a través del gasto en educación y sanidad. La situación cambia con la incorporación al mercado laboral, cuando pasan a ser aportadores natos y a contribuir más de lo que reciben.






