Uno de los mayores desafíos de la paternidad consiste en encontrar el equilibrio entre proteger y preparar. Todo padre o madre desea ver felices a sus hijos, desea evitarles sufrimientos y, en especial, desea brindarles las mejores oportunidades posibles. Sin embargo, existe una diferencia importante entre acompañar a un hijo y apartar de su vida cada dificultad que pueda surgir.La realidad demuestra que ninguna persona atraviesa la existencia sin enfrentar obstáculos en su camino a lo largo de su vida. Los fracasos, las decepciones, las pérdidas y las injusticias forman parte de la experiencia humana. Pretender construir una vida libre de problemas para nuestros hijos no solo es imposible, sino que puede dejarlos vulnerables cuando inevitablemente deban afrontar sus propias batallas sin ayuda de nadie más.PublicidadLa verdadera educación va más allá de proporcionar bienestar material o resolver conflictos momentáneos. La verdadera educación consiste en formar personas capaces de actuar con criterio, perseverar en la adversidad y mantener la serenidad cuando las circunstancias no son favorables. Un joven que aprende a asumir las consecuencias de sus actos desarrolla madurez. Quien comprende el valor del esfuerzo descubre que los logros importantes requieren constancia. Y quien cultiva principios sólidos encuentra una guía interna incluso en los momentos más difíciles.Los padres no pueden controlar todo lo que sucederá en la vida de sus hijos. No pueden evitar cada decepción amorosa, cada fracaso académico o cada desafío profesional. Lo que sí pueden hacer es ayudarlos a desarrollar herramientas para responder con inteligencia y fortaleza frente a esas situaciones.La disciplina, la responsabilidad, la honestidad y la resiliencia no aparecen de manera espontánea. Son virtudes que se construyen día tras día mediante el ejemplo, la corrección oportuna y la enseñanza constante. Cuando estas cualidades echan raíces, se convierten en un recurso invaluable que acompaña a la persona durante toda su vida.PublicidadPublicidadPor ello, el éxito de la crianza de un hijo o hija no debería medirse por la ausencia de problemas, sino por la capacidad de los hijos para enfrentarlos con dignidad. Al final del camino, el mejor legado que un padre puede dejar a sus hijos no es un camino libre de dificultades, sino la fortaleza necesaria para recorrerlo con valentía y determinación. (O)Elio Roberto Ortega Icaza, mediador y abogado criminalista, El Coca
Educar para la fortaleza, no para la comodidad
... el éxito de la crianza de un hijo o hija no debería medirse por la ausencia de problemas, sino por la capacidad de los hijos para enfrentarlos con dignidad.








