La economía de Argentina está aún muy lejos de haber salido del atolladero. La fragilidad y la volatilidad de sus finanzas e incluso de la actividad real son buena prueba de ello. Sin embargo, cuando termina el año y se echa la vista atrás se pueden ver algunos datos que en medio del ruido mensual y trimestral parecen arrojar algo de esperanza. Uno de ellos es el crecimiento del PIB, que cerró 2025 con una expansión del 4,4% y se prevé que este año avance más de un 3%, según la última revisión de JP Morgan. No obstante, la estrella de estos indicadores (con el permiso de la desinflación) es el superávit fiscal al que se ha aferrado el Gobierno de Milei. El año 2024 y el 2025 cerraron con superávit. Lo que va de este 2026 las cuentas siguen presentando también un saldo positivo esperanzador, mientras que las previsiones para 2027 hablan de otro superávit, lo que supondría cuatro años seguidos saneamiento, algo que Argentina ha logrado muy pocas veces en su historia, según BBVA Research.El ancla fiscal ha sido en todo momento el pilar de la política económica de Milei para lograr su objetivo primordial que no es otro que reducir la inflación lo máximo posible. Por ahora, los resultados han sido más que notables. Por ejemplo, la inflación core o subyacente (elimina los componentes más volátiles) era del 28% mensual en diciembre de 2023, mientras que en mayor de 2026 (último dato disponible) se ha reducido hasta el 1,9%. Los recortes del gasto público y la congelación de la base monetaria (el banco central ha dejado de imprimir pesos porque ya no hay que financiar ningún déficit público) han ayudado a reducir el crecimiento de los precios de forma rápida. Todo hace indicar que esta política va seguir en Argentina.