Se ha construido una imagen que vincula las vidas LGTBIQ+ con entornos urbanos. Sin embargo, también forman parte de los pueblos y del mundo rural. Y cada vez más, como lo demuestra la iniciativa Plumas de Pueblo, que recoge un centenar de Orgullos y actividades queer en España y fuera de las ciudades. (También hay dos de Portugal). “Todavía predominan narrativas que presentan el mundo rural como un espacio homogéneo, conservador e incompatible con la diversidad”, explica Paulino Ramos, “antropólogo cuir” y uno de los impulsores del mapeo, elaborado junto a Proyecto Hortensia, un proyecto de transformación social impulsado por Laintersección, un colectivo de comunicadoras, investigadoras y dinamizadoras. [Este texto es un extracto de la Queerletter, la newsletter semanal LGTBIQ+ de EL PAÍS.Para recibirla, puedes apuntarte aquí].El antropólogo Ramos vive en un pueblo de Huelva y centra su tesis doctoral sobre realidades queer en entornos rurales. Lamenta que esa asociación de la diversidad sexual y de género con lo urbanita acabe “invisibilizando experiencias reales y reforzando el estereotipo de que las personas LGTBIQ+ solo pueden desarrollar una vida plena en las ciudades”. Por eso trabaja para cambiar esa dinámica. Así, en el mapa de Plumas de Pueblo que han elaborado aparecen, entre muchos otros, el Agrocuir de Monterroso (Lugo), pionero orgullo rural que arrancó en 2014; el Orgullo Serrano en Puebla de la Sierra (Madrid); el Veracuir de Talaveruela de la Vera (Cáceres); el Unicorns Pride Ebre, de Roquetes (Tarragona); o el Pride Zahara, de Zahara de la Sierra (Cádiz). “Desde que lanzamos el mapa [el 18 de junio], nos han llegado decenas de iniciativas nuevas”, celebra Sofía Caamaño de Lainteresección. Así, aunque en esa cartografía se recogen ahora mismo unas 70 iniciativas, “llegarán al centenar cuando incluyamos las nuevas”, agrega. Porque este mapeado no es una foto fija, sino que pretende ir creciendo al ir incorporando proyectos. “En un mundo globalizado y homogeneizante, creo que el folclore, los pueblos y lo rural es donde se mantienen la diversidad”, afirma Max, de 46 años, residente en Valverde de la Vera (Cáceres) y parte del colectivo Veracuir. Ha grabado un vídeo para Plumas de Pueblo. Además del mapa que han publicado, están recopilando historias y relatos personales de personas queer en entornos rurales y generando contenidos para ampliar los referentes. “Conozco a mucha gente con identidades diversas que viven en el campo y se encuentran a gusto”, cuenta Max, que se dedica a la carpintería y tiene una hija: “No quiero idealizar la vida en el pueblo, pero la ciudad me parece más hostil para desarrollarme como persona. Al final, lo que necesitamos es amor, respeto, cariño y que nos quieran como somos”. La concentración de personas LGTBI+ en las ciudades de mayor tamaño supera (56%) a la del conjunto de la población (40%), según el informe Estado de Odio 2026, que elabora la Federación Estatal LGTBI+ (Felgtbi+) junto al Instituto de Políticas y Bienes Públicos del CSIC y a partir de una encuesta realizada por 40dB. Además, la mayoría de delitos de odio se concentran en las ciudades, según los datos del Ministerio de Interior. “No son los municipios rurales más pequeños los que generan más situaciones de odio”, ahonda el estudio de la Felgtbi+, “sino algunos entornos de tamaño intermedio a medio camino entre las áreas rurales y las pequeñas urbes (especialmente entre 10.001 y 20.000 habitantes)”. Vivir en un lugar de dimensiones más pequeñas, más humanas, puede ayudar a fomentar la normalidad y el respeto. “Cuando te hablan de una realidad, pero nunca has conocido a una persona que la representa, igual tienes prejuicios. Sin embargo, cuando conoces a alguien de ese colectivo, los desmontas”, contaba Patrick Gilmartín Aventín, de 24 años, que vive en Benasque (Huesca) en EL PAÍS, en el reportaje Vidas trans fuera de la gran ciudad. “El contacto y la cercanía pueden ser un antídoto contra los prejuicios”, añadía. “A pesar de que los Orgullos de pueblo y las iniciativas agrocuir están en auge, la presencia de realidades LGTBIQ+ en los relatos sobre el mundo rural sigue siendo limitada”, inciden desde Proyecto Hortensia. De ahí que se hayan puesto énfasis en su visibilización. “Estas iniciativas combinan celebración, comunidad y reivindicación, mostrando una realidad que no debería quedar fuera de los relatos mediáticos”, agregan desde el colectivo, “porque las vidas LGTBIQ+ también forman parte de los pueblos y del mundo rural”. ¿Nos mandas un recuerdo del Orgullo?Estamos recopilando recuerdos divertidos, simbólicos, o importantes ocurridos en un Orgullo. Para participar, podéis enviar unas 300 palabras a este mail: lgtbiq@elpais.esCon los textos recibidos, haremos una selección que publicaremos.En la Queerletter, Pablo León recoge cada martes historias LGTBIQ+ como esta. Si también quieres formar parte de la comunidad,apúntate aquí.