Cuando el Hospital Clínic de Barcelona necesita hacer determinados análisis moleculares de alta complejidad o validar secuenciaciones genéticas especialmente sensibles, algunas muestras —ADN o células modificadas— tienen que salir fuera. A menudo viajan hasta laboratorios centralizados de Estados Unidos. Y lo hacen en avión.En estos vuelos viajan turistas, congresistas, cruceristas, profesionales, investigadores, artistas o familias. Sin saberlo, todos estos pasajeros sostienen una conexión que es mucho más que movilidad. Porque la conectividad aérea no es solo transporte. Es infraestructura económica. Y en el caso de Barcelona esta infraestructura no se ha construido solo con demanda empresarial, científica o institucional. Se ha construido, sobre todo, gracias a la masa crítica que aporta el turismo.El debate es sobre qué papel tiene que jugar el turismo dentro del modelo de ciudadLas cifras lo dejan claro. En el 2025, el aeropuerto de Barcelona registró a 57,5 millones de pasajeros. En dos décadas, ha pasado de 1 a 8 millones de pasajeros intercontinentales, de 17 a 59 destinaciones y de 7 a 37 rutas de largo radio. Hoy es el tercer aeropuerto europeo en volumen de asientos y el noveno en número de destinaciones, con posiciones destacadas en conectividad con Norteamérica (14.º), Latinoamérica (6.º) y Asia (33.º). Todo eso sin ser capital de Estado, sin una gran aerolínea de bandera y sin funcionar como un hub clásico.Y todavía hay margen. Unos 5,3 millones de pasajeros intercontinentales no tienen vuelo directo y tienen que hacer escala. La demanda existe; falta convertirla en más conexiones directas.Aquí es donde el turismo entra en juego. El turismo aporta volumen y ayuda a llenar aviones. El 49% de los viajeros lo hacen por turismo, por delante del negocio (24%) y de las visitas familiares y a amigos (20%). Esta masa crítica reduce riesgos y hace viables rutas que, de otra manera, serían difíciles de sostener.Pero el turismo no es solo cantidad. El segmento de congresos y negocios aporta unos valores extraordinarios. Barcelona acogió 142 congresos internacionales en el 2024 (ICCA) y 1.992 acontecimientos en el 2025, con 684.000 asistentes. Fira de Barcelona reunió a 1,44 millones de participantes, con un Mobile World Congress que atrajo 109.000. Esta demanda mejora la rentabilidad de las rutas y estabiliza frecuencias.Los cruceros también contribuyen. Barcelona es puerto base de referencia en el Mediterráneo, con 3,57 millones de cruceristas (2023), 1,91 millones de puerto base y 1,66 millones no residentes. El 59% utilizan el avión para iniciar el viaje, y un 23% provienen de fuera de Europa, reforzando conexiones con Estados Unidos, Canadá o Latinoamérica.Todo esto tiene un impacto directo en la economía. La actividad aeroportuaria genera 16.399 millones de euros de VAB en Catalunya, 33.689 millones de facturación y más de 218.000 puestos de trabajo.Un avión de la compañía Ryanair aterriza en el aeropuerto de El Prat Mané Espinosa)Reducir el debate sobre el turismo a sus impactos es quedarse a medias. Es imprescindible gestionarlo mejor. Pero ignorar su papel en la conectividad es no entender cómo funciona hoy una economía urbana abierta.Hay ejemplos cotidianos que lo explican mejor que cualquier gráfico. Por Sant Jordi, mayoritariamente las rosas venden de Colombia. Y también llegan en avión.Cada rosa es una pieza más de este sistema: pasajeros, carga, turismo, comercio, conocimiento, cultura. Todo conectado.El debate, pues, no es turismo sí o no. Es qué papel tiene que jugar dentro del modelo de ciudad. Porque, hoy, una parte relevante de la Barcelona que exporta, innova, atrae talento y compite al mundo vuela gracias al turismo.
Barcelona vuela gracias al turismo, por La Vanguardia
Cuando el Hospital Clínic de Barcelona necesita hacer determinados análisis moleculares de alta complejidad o validar secuenciaciones genéticas especialmente sensibles, algunas muestras —ADN o células modificadas— tienen que salir fuera. A menudo viajan hasta laboratorios...







