Barcelona recibió el año pasado 26,1 millones de visitantes (16 de ellos, en la ciudad, y el resto, en su área próxima). El número de pernoctaciones ascendió a 56 millones. El gasto de los visitantes sumó 14.041 millones de euros. La actividad turística generó entre el 13% y el 14% del total del PIB barcelonés.El atractivo turístico de Barcelona, que empezó a dispararse tras los Juegos Olímpicos de 1992, es bien conocido y no para de crecer. El número de visitantes subió el año pasado un 2,9% respecto al ejercicio anterior. Las previsiones para este año son también de crecimiento: concretamente, en el primer trimestre, fue del 7,3%. Estamos además entrando de lleno en la temporada estival, que suele ser la más rica en visitantes, en su mayoría (70%), con pasaporte extranjero.Sobre esta base de ciudad ya muy apreciada por el turismo, Barcelona se dispone a someterse, en el mes de junio que empieza hoy, y también en julio, a una auténtica prueba de carga, entendiendo como tal el procedimiento ideado para garantizar que un sistema –en este caso, el de nuestra ciudad– puede soportar esfuerzos extraordinarios sin ver sobrepasados sus límites de resistencia.La lista de acontecimientos que engrosarán el habitual flujo turístico es extraordinaria. Esta semana, a partir del miércoles, se desarrollará el festival Barcelona Primavera Sound, al que el año pasado asistieron 293.000 personas, un 65% de ellas, extranjeras. Los días 9 y 10 de junio estará en Barcelona el papa León XIV para, entre otras actividades, bendecir la torre de Jesucristo de la Sagrada Família, que con sus 172,5 metros convierte dicho templo en el más alto del mundo. Es pronto para avanzar cuántas personas se movilizarán con el propósito de ver al Papa, pero quizá dé una primera idea el hecho de que los Mossos desplegarán a 5.600 agentes para protegerle, y la Guardia Urbana, a otros 500.En las próximas semanas la ciudad acogerá al Papa, el Tour, la UIA, la F-1, el Sónar, el Primavera...El día 14 se disputará el Gran Premio Barcelona-Catalunya de F-1 en Montmeló. Del 18 al 20 de junio se celebrará otro festival, el Sónar, que en su edición anterior congregó a 160.000 personas. Entre el 28 de junio y el 2 de julio, Barcelona acogerá el congreso de la Unión Internacional de Arquitectos, que se prevé que reúna a entre 6.000 y 10.000 personas, procedentes de más de un centenar de países, convertido en el epicentro del año de la capitalidad arquitectónica barcelonesa, que empezó en febrero y seguirá hasta diciembre.Inmediatamente después, Barcelona será el escenario del Grand Départ del 113.º Tour de France. Y no solo un día, sino tres. El 4 de julio se disputará aquí la primera etapa, en una contrarreloj urbana de 19,7 kilómetros con salida en la zona del Port Olímpic y llegada en Montjuïc, pasando por la Sagrada Família. El 5 de julio, la etapa arrancará en Tarragona y acabará en Barcelona, con un espectacular final tras tres ascensiones al castillo de Montjuïc. El día 6, el Tour ya abandonará tierras barcelonesas, saliendo de Granollers rumbo a la frontera y Les Angles. Y, recién partido el Tour, empezará el día 8 el festival Cruïlla (82.000 participantes el año pasado).La perspectiva es en verdad abrumadora. Pero la ausencia de acontecimientos del tipo de los descritos, que acreditan la capacidad organizativa de Barcelona y su condición de ciudad abierta, fortaleciendo su proyección internacional, quizá no sería una noticia mejor. Para bien o para mal, el mundo está globalizado, y ciudades de todos los continentes compiten para ofrecerle los mejores escenarios.Como siempre, se trata de conseguir el equilibrio. Los responsables de la política turística local trabajan para interesar a un turismo con mejor perfil económico y cultural al tiempo que intentan persuadir a la ciudadanía de las ventajas que comporta su llegada. No es tarea sencilla. Ya se aplican medidas en esa dirección, y está previsto controlar de modo más estricto la oferta inmobiliaria, para frenar la desnaturalización de la ciudad y la expulsión de sus habitantes. Pero eso no quita que la acumulación de acontecimientos de las próximas semanas pueda ser vista por algunos como excesiva.El equilibrio entre el interés local y el foráneo debe ser la meta de los responsables de turismoLos rectores del turismo local, además de trabajar para que la ciudad reciba al mejor turismo posible, deben convencer también a los barceloneses de que sus políticas son las más acertadas. Ese apetecible equilibrio entre el interés local y el foráneo, entre la proyección internacional de la ciudad y la ­vida confortable de sus habitantes, ha de ser para ellos un objetivo central. Su gran trabajo en los últimos decenios les avala, y estamos convencidos de que lo pueden conseguir.